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Full text of "De Fuerteventura a París; diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos"

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DE FUERTEVENTURA 
A PARÍ5 



DE rUERTEVENTURA 
A PARÍS 

Diario íntimo de confinamiento y destierro 
vertido en sonetos por 

MIGUEL DE UNAMUNO 




PARIS 

EDITORIAL EXCELSIOR 

42, BOULEVARD RASPAIL 
1925 



Copyright by, Editorial Excelsior ig25 



A don Ramón Castañeyra, 
de Tuerto Cabras, en la isla 
canaria de Fuerteventura. 

\Ay, mi querido amigo, cuanto viva mi alma y 
en la forma que viviere, vivirá en ella, hecha 
hueso espiritual o roca espiritual de sus huesos o 
sus rocas espirituales, esa bendita isla rocosa de 
Fuerteventura donde he vivido con ustedes, los 
nobles majoreros, y con el Dios de nuestra España 
los días más entrañados y más fecundos de mi 
vida de luchador por la verdad ! 

Usted, su venerable padre Don José, sus herma- 
nos, nuestro buen párroco de Puerto Cabras, Don 
Víctor San Martín, mi posadero Don Paco 
Medina, el excelente Don Pancho López, espíritu 
zumbón y crítico, los amigos todos de la inolvida- 
ble tertulia cara a la mar que sonríe a nuestras 
trágicas flaquezas, ustedes saben todo lo que ahí 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



viví. Y ustedes saben cómo el día de mi libe- 
ración merced a la generosidad de la noble na- 
ción francesa, que me está dando aquí, en París, 
libertad y dignidad, dejé esa roca llorando. Es 
que dejaba en ella raíces en la roca y raíces de 
roca. 

Les prometí a ustedes volver a esa isla y si Dios, 
el de mi España, me da vida y salud, volveré. Vol- 
veré con el cuerpo, porque con el alma sigo ahí. 

Les prometí a ustedes también escribir — «para 
siempre», como dijo Tucídides — el relato de mi 
cautividad en esa bendita isla y hablar de ella, de 
ese «tesoro de salud y de nobleza» . Lo he de hacer. 
Y haré aquel libro de que le hablé y que se titu- 
lará : Don Quijote en Fuertev entura, Don Quijote 
en camello a modo de Clavileño. Mas por hoy, y 
como es cosa, que, por ser de combate, urge más, 
publico los sonetos que ahí escribí, a cuyo parto 
asistió usted, precedidos de los que había escrito 
antes de salir de la península y seguidos de los 
que luego me han brotado aquí, en París. 

Y es justo que sea el nombre de usted el que 
primero vaya en cabeza de este libro doloroso, ya 



DE FUER TE VENTURA A PARIS 



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que usted fué el verdadero padrino de esos sone- 
tos, el primero que los conoció, el que los recibió 
todavía lívidos del parto cuando lloraban el trágico 
primer llanto y hasta asistió usted a la gestación 
de algunos de ellos. 

Así resulta este mi nuevo rosario de sonetos un 
diario íntimo de la vida íntima de mi destierro. En 
ellos se refleja toda la agonía — agonía quiere 
decir lucha — de mi alma de español y de cristiano. 
Como todos los feché al hacerlos y conservo el 
diario de sucesos y de exterioridades que ahí 
llevaba, puedo fijar el momento de historia en que 
me brotó cada uno de ellos. Otros son hijos de 
experiencia religiosa — alguien diría que mística — 
y algunos del descubrimiento que hice ahí, en 
Fuerteventura, donde descubrí la mar. Y eso que 
nací y me crié muy cerca de ella- 

Podrá decírseme, como ya se me dijo cuando 
publiqué mi Rosario de sonetos Uricos^ que he 
debido seleccionarlos y no darlos aquí todos. Pero 
me cuesta decidirme a una selección de cosa pro- 
pia. Ni me gustan las selecciones ajenas. Huyo 
de las selectas o églogas. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



Alguna vez un buen verso salva a un soneto 
malo y aunque se haya dicho aquello de honum 
ex integra causa, malum ex qualunque defectu, 
«bueno por lo entero, malo por cualquier falta», 
creo que hasta lo malo ayuda a comprender y 
sentir mejor lo bueno- ¿Y sé yo, además, si a los 
otros les ha de parecer lo mío como a mí me 
parece ? 

¿Que por qué no he dicho en prosa lo que aquí 
digo en verso? Carlyle, en la crítica que escribió 
sobre las Corn-law Rhymes — ^en 1835 — decía : 
«Si el pensamiento interior puede expresarse 
hablando en vez de cantando, que haga lo primero, 
sobre todo en estos días inmusicales. En todo 
caso, si el pensamiento interior no canta por sí 
mismo, ese cantar de la frase exterior es algo de 
tono y timbre falsos de que podemos dispensarnos» 
Pero aparte de que no es fácil determinar qué sea 
y dónde comience y dónde acabe el canto y que 
la música del lenguaje, del pensamiento, no es la 
de los versos cantables, hay pensamiento que 
debe, por razones didácticas, verterse en verso. 
Así, la poesía gnómica o sentenciosa, muchos 



DE FUERTEVENTüRA A PARIS 



II 



refranes, recetas, etc. Es un medio de dar resis- 
tencia y permanencia a un pensamiento. 

Por otra parte, ¡ qué intensidad de emoción no 
alcanza un sentimiento cuando se logra encerrarlo 
en un cuadro rígido, en una forma fija, cuando se 
consigue hacer un diamante de palabras con sus 
catorce facetas lisas y brillantes y sus cortantes 
aristas ! 

Pero no he de hacer aquí preceptiva. Los sonetos 
se defenderán a sí mismos y por sí mismos. 

Sólo me resta enviarle, desde y a través del 
Atlántico, un largo y ancho abrazo y abrazar en 
usted a todos mis amigos de esa fuerteventurosa 
isla y a la isla misma. 

Miguel de UNAMUNO 
París, 8 de enero de 1925. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



I 

Añoso ya y tonto de capirote, 
aburrido de tan largo jolgorio j 
una tarde pensó Don Juan Tenorio 
divertirse en hacer de Don Quijote. 

Después de siesta se rascó el cogote, 
se ajustó más ceñido el suspensorio, 
mandó a Ciutti copiar el relatorio 
y puso al manso Rocinante al trote. 

Mas al sentir la no ligera carga 
el p oh re bruto, enjuto de sudores, 
tropezó luego, se tendió a la larga, 

renunció a la victoria y sus honores 
y tuvo allí Don Juan, mozo de adarga, 
que aligerarse haciendo aguas mayores. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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Este primer soneto lo escribí antes de sacarme 
deportado de mi casa. 

Bien se entiende que el tonto de capirote a que 
se alude es el Marqués de Estella, Miguel Primo 
de Rivera. El cual parece que no se ha querido dar 
cuenta de lo que quiere decir tonto. Porque en 
una u otra forma se ha declarado a sí mismo 
incompetente. Pero tonto quiere decir otra cosa- 
Tonto quiere decir que aunque desde joven se hu- 
biese dedicado al estudio, en vez de correrla tomo 
un señorito frivolo, nunca habría llegado a saber 
nada bien ; tonto quiere decir tonto o sea defectivo 
de entendimiento. Eos discursos, las cartas, los 
escritos, las notas oficiosas del supuesto Dictador 
revelan la más trágica tontería. Y no es que los 
improvise y haga de prisa y corriendo. El hombre 
avisado hasta improvisando dice cosas de sus- 
tancia. Eos tópicos, las ramplonerías, las frases 
hechas, las metáforas — todo ello del común 
acervo — del Marqués de Estella son el más terri- 
ble cargo contra un Ejército que ha podido sopor- 
tar a tamaño botarate y que le ha creído hasta 
elocuente o por lo menos ingenioso. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



Lo del suspensorio, aplicado al Directorio, a la 
tropilla de generales que se prestaron a encubrir 
a ese tonto, no es cosa mía. Lo que hice fué ponerlo 
en circulación. 

Conviene recordar que en España no se ha pu- 
blicado jamás un Manifiesto tan grosero, tan 
insultante para la nación, tan bochornoso como el 
que firmó el 13 de setiembre de 1923, día del 
golpe de Estado, Miguel Primo de Rivera, capitán 
general de la cuarta región. 

En él se hablaba, a nombre de los militares, de 
«nuestra moral y doctrina»; de «el que no sienta 
la masculinidad completamente caracterizada», lo 
que revela una sensibilidad, no mentalidad, de 
toro, caballo semental, garañón, carnero o macho 
cabrío, pero no de hombre; de «los de nuestra 
propia profesión y casta» y se restablecía la 
forma más vil de la Inquisición. 

El trágico botarate se ha confesado alguna vez 
incompetente, ambicioso y soberbio, pero de buena 
fe. Y no es así. Ni incompetente, sino tonto ; ni 
ambicioso, sino bullanguero ; ni soberbio, sino 
grotescamente vanidoso. Y de mala fe, de muy 



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mala fe y recomido por bajas y viles pasiones. Con 
gatitos en la barriga, como dicen en su tierra. 

II 

¿Conque ihan a barrerte? Pura coba. 
Lo que hacen es ponerte roja y gualda 
de rubor y de bilis, que en la espalda 
te están, España, dando la gran soba. 

Y si fueses al menos la Caoba 
con su gobierno de bajo la falda, 
harías que pusieran por guirnalda 
en lu sombrero de guión la escoba. 

Nada de aquellas recomendaciones 
del régimen antiguo, el del embudo; 
ved al macho, señor de las legiones, 

como bajo un fanal rie desnudo 
y ante el pueblo se rasca los calzones 
y el pueblo mira, por mordaza, mudo. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



Famoso se hizo el caso de la ramera, vendedora 
de drogas prohibidas por la ley y conocida por 
la Caoba, a la que un juez de Madrid hizo detener 
para registrar su casa y el Dictador le obligó a 
que la soltase y renunciara a procesarla por salir 
fiador de ella. 

Cuando el caso se hizo público y el Rey, según 
parece, le llamó sobre ello la atención, se le 
revolvió la ingénita botara tería, perdió los estri- 
bos — no la cabeza, que no la tiene — y procedió 
contra el juez tratando de defenderse en unas 
notas en que se declaraba protector de las jóvenes 
alegres. 

Aquellas notas han sido uno de los baldones 
más bochornosos que se han echado sobre España, 
a la que el Dictador ha tratado como a otra ramera 
de las que ha conocido en los burdeles. Se ha com- 
placido en mostrar sus vergüenzas y en sobárselas 
delante de ella. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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III 

Los que clamáis i(¡ indulto !)) id a ¡a porra 
que a vuestra triste España no me amoldo ; 
arde del Santo Oficio aún el rescoldo 
y de leña la envidia lo atiborra. 
* 

No he de ir cual carnero con modorra 
de esa sucia bandera bajo el toldo 
a soportar al general Bertoldo 
harto de retozar con una zorra. 

Pus en el corazón y en la mollera 
serrín guarda esa taifa de cretinos 
auto-brutos. ;Ya cruje la escalera l 

Y ellos se tambalean, pues los vinos 
nacionales — no sirve la solera — 
no cambian en leones los cochinos. 

Llegué a Fuerteventura, donde fué ya escrito 

este tercer soneto, el 10 de marzo de 1924, después 

de diecisiete días de haberme arrancado de mi 

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MIGUEL DE UNAMUNO 



hogar, días que pasé entre Cádiz — ciudad a la que 
quiero olvidar — , la navegación, unas horas en 
Tenerife y ocho días en Las Palmas de la Gran 
Canaria. En Fuerteventura me enteré de que 
había cuitados que pedían mi indulto cuando se 
me deportó, sin preceder expediente ni proceso 
alguno, por «acuerdo del Directorio», según se me 
comunicó y sin declararme razón ni motivo, como 
todavía hoy no me lo han declarado. 

Lo del Santo Oficio y la leña, de la envidia se 
refiere a la invitación que en el horrendo Mani- 
fiesto se hacía a denunciar, añadiendo : «Garan- 
tizamos la mas absoluta reserva para los denun- 
ciantes, aunque sea contra los de nuestra propia 
profesión y casta, aunque sea contra nosotros mis- 
mos, que hay acusaciones que honran.» No se sabe 
si al acusador o al acusado. 

Y cuando Don Luis Silvela, gobernador que 
había sido de Madrid y Alto Comisario de Marrue- 
cos, denunció que del dinero procedente de la 
tolerancia del juego prohibido por la ley iba una 
parte al Gobierno civil de Barcelona, estando en- 
cargado de éste el tenebroso general M. Anido y 



DE FUERTEVENTURA A TARIS 



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con parte del cual dinero se dice que se pagaba a 
los asesinos a sueldo que asesinaron entre otros 
al abogado, diputado a Cortes y paralítico Don 
Francisco Layret, no se sabe qué clase de garan- 
tías se dió a esa denuncia- Porque la de la reserva 
es el medio de no aclararla- 
Es, no ya trágica tontería, sino algo peor, el 
que un Dictador prometa garantizar reserva en 
acusaciones contra él o sus cómplices. Aquí su 
amo, pues el pobre Primo no era sino un monigote 
en manos del otro, el macho de los junteros. 

Lo de «auto-brutos» alude a una de las más 
divertidas bertoldadas del Ganso Real — o sea el 
Primo — , que habló de los «auto-intelectuales». 
¿Qué querría decir? ¿Los intelectuales que van 
en auto? 

Lo de los «vinos nacionales», a otra de sus ber- 
toldadas, y es cuando dijo que hay que ser alegre, 
pero con vinos nacionales. Lo que quiere decir 
cómo entiende la alegría el muy botarate. Aparte 
de que actuaba de comisionista de vinos de Jerez y 
la Rioja. 

Cuando pasen los años y nuestros nietos lean 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



todo esto se sonrojarán de que hayamos podido 
tolerar en calma semejante baldón. Nunca fué 
una madre abofeteada, insultada, escupida, escar- 
necida y mofada por un hijo como España lo ha 
sido por Primo de Rivera. Aunque, ¿es eso hijo? 
¿Puede eso tener madre? 

IV 

Mientras cae el baldón sobre ti, España, 
con el silencio de la nieve, dora 
tu viejo sol en cada vieja aurora 
Credos, la vieja cumbre de tu entraña. 

¿Por qué, Señor, persigues con tal saña 
a esta pobre familia pecadora 
que ríe llanto al par que risa llora 
del charco al borde, quebradiza caña? 

Pobre madre infeliz que te quedaste 
peor que sin tus hijos, de madrasta 
de los de aquel que los llevó al descaste. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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¿no oyes acaso lo que llaman casta 
les castizos? ¡Qué caro lo pagaste! 
¿Cuándo susurrarás, (uSeñor, ¡ycrhastah? 

Castizo, que es un término de origen puro y 
noble, ha llegado a significar, por el equívoco chu- 
lesco, de taberna, de timba y de burdel, algo deni- 
grante. Es algo así como caballero. Toda persona 
honrada tiene que rechazar el honor de los Caba- 
llé ros, el honor de lance que lleva a los lances 
de honor. 

V 

Eslabonado con a; que viene el Cocoln 
otra vez lo de (.(¿quién mató a Mecofü^ 
y es porque el pánico ha vuelto al muñeco 
sobre fondo de memo en forma loco. 

Triste y agazapado está en el foco 
de la podre, prestando oído al eco, 
que no sirve querer hacerse el zueco 
por tontería o tal vez por descoco. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



Busca el triste salvarse en el enroque, 
mas ni hay torre que pueda serle roca 
ni sirve al Corazón de la Alacocque, 

que cuando al fin su San Miguel le toca 
¡recuerdo de la abuela l es el disloque 
y tiembla el belfo de la austriaca boca. 

A la frase gallega de «¿quién mató a Meco?», y 
que recuerda el argumento de Fuenteovejuna, la 
dió aire Don Kugenio Montero Ríos, el de la di- 
fusión de las responsabilidades. Cuando vi la 
última vez a Don Alfonso XIII, me dijo, entre 
otras cosas, que ya notaba cómo pedía yo que se 
depurasen las responsabilidades por el desastre de 
Annual, por la santiagada del general Silvestre — 
«¡ole los hombres!» — , y añadió : «Sí, sí, deben 
depurarse todas y las de todos, incluso las mías, 
si me alcanzasen.» Trataba, con su característica 
doblez, de desarmarme. Y luego ayudaba al golpe 
de Estado para impedir que se llegase a depurar 
la responsabilidad — la mayor de todas — que en 
la disolución moral y en el derrumbe de España 
le cabe. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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El «Corazón de la Alacocque» alude al culto 
jesuítico 5^ pagano del llamado Sagrado Corazón 
de Jesús y a aquella dicha Gran Campaña Social 
que patrozinada por la Compañía de Jesús — en- 
traba en ella Judas — tuteló Don Alfonso para tener 
que cortarla luego y rogar, como a mí me rogó, 
que no se hablase de ella más. 

«Su San Miguel» es el día de San Miguel, 29 
de setiembre, en que en el año 1868 — cumplía yo 
cuatro años — se echó de España a la pobre doña 
Isabel II, abuela de Don Alfonso. 

«La austríaca boca...» Don Alfonso no es tanto 
un Borbón como un Austria, un Habsburgo, de la 
casta de Carlos II el Hechizado. 



VI 



((¡Hay que aislar — dijiste — al pesimista!* 
para seguir viviendo del embuste, 
siempre temblando que llegue el ajuste 
de cuentas ron el corte de la lista. 



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MIGUEL DE UXAMUXO 



Que si el abuelo de la gran conquista 
fué ascético y gotoso a dar en Yuste 
un deportista, en cambio, de tu fuste 
de un circo ha de rodar sobre la pista. 

Almohada te da el juglar Caobo 
de la ciudad alegre y confiada 
— el Caobo no es sino un estrobo 

en busca de tolete — con la espada 
de Bernardo abrazado como un bobo 
puedes dormir tranquilo en esa almohada. 

«Hay que aislar a los pesimistas.» He aquí una 
frase de Don Alfonso, digna de su Ganso Real — 
un ganso que hace, como' el pavo real, la rueda — 
Primo de Rivera. Que si las de éste son bertol- 
descas, las de su rey son cacasénicas. Por lo 
demás, no sabe lo que quiere decir pesimismo 3^ es 
como aquel médico que recetando dieta láctea a 
un enfermo llamó pesimista al compañero que le 
dijo que con esa dieta se le moriría más pronto. 
Su optimismo suele ser de un género de niño pre- 



DE FUER TE VENTURA A PARIS 



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COZ de cerca ya de los cuarenta años que lee a 
Julio Verne y cree que «hoy las ciencias adelan- 
tan que es una barbaridad», texto que tanto él 
como su ganso real deben de tenerlo en su escogido 
repertorio castizo. 

Sabido es que Don Jacinto Benavente escribió 
una comedia que se titulaba La ciudad alegre y 
confiada. No sabemos si alegre con vinos naciona- 
les o con drogas- 

VII 

Al i'crse aislado nuestro gran Felipe, 
¿a quién diréis que reclamó en auxilio? 
Al cura de las timbas, a Basilio 
Alvarez, más famoso que la gripe. 

¿O se trata tal vez de que le equipe 
para el día cercano del exilio 
o le prepare algiin castizo idilio 
sin miedo a que la brisa le constipe? 

Con su zarpa heñirá la Unión Patriótica 
ese abad convertido en alcahuete 
y de esa España alegre y estrambótica 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



con escoba de espadas, mango un brete, 
barriendo el poso de cultura exótica 
nuevos nos dejará en un periquete. 

Este soneto lo escribí al leer la noticia de que 
Don Alfonso había recibido en audiencia al ex 
abad Basilio Alvarez, tan conocido y no en sacris- 
tías, y que escribía en La Zarpa, de Orense, sus 
zarpazos. 

VIII 

¡Oh, fuerteveniurosa isla africana, 
sufrida y descarnada cual camello, 
en tu mar compasiva vi el destello 
del sino de mi patria ! Mar que sana 

con su grave sonrisa más que humana 
y cambia en suave gracia el atropello 
con que un déspota vil ha puesto el sello 
de la loca barbarie en que se ufana. 

Roca sedienta al sol, Fuertev entura, 
tesoro de salud y de nobleza. 
Dios te guarde por siempre de la hartura, 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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pues del limpio caudal de tu pobreza 
para su España celestial y pura 
te ha de sacar mi espíritu riqueza. 

11-V-1924. 

Ya con este soneto entré en otro campo. Fuerte- 
ventura es una isla hoy pobre, mm- pobre, que 
puede enriquecerse si logra alumbrar agua ; pero 
rica, riquísima en la nobleza de sus habitantes, 
los majoreros — que así se llaman — , y en la mara- 
villa de su clima. Mas de ella he de escribir larga- 
mente en otro libro. 

IX 

Tú, mar que ocultas a mis vivos ojos 
la tierra envilecida por la envidia, 
en cuyo coso el pordiosero lidia 
para matar el hambre con rebojos 

y disputa al hermauo los despojos 
del mezquino botín con sorda insidia, 
tu henchido pecho con su espuma anidia 
de esa castiza lepra los rastrojos. 



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MIGUEL DE UNAMUXO 



Nace en ti el sol y con rosado dedo 
toca mi frente por tu amor curtida, 
vuelve a surcar su luminoso ruedo, 

buscando siempre su primer partida, 
y yo, curado de la noche el miedo 
despierto al sueño que es mi noble vida. 

13-V-1924. 

Lo más triste de lo que ocurrió en España, des- 
pués del criminal Manifiesto del 13 de setiembre, 
fué el ardor de las denuncias secretas. Salió afuera 
la que Menéndez y Pelayo llamó la «democracia 
frailuna española», origen de la Inquisición, y 
que fué, fundamentalmente, el régimen de la en- 
vidia cainita, de la mala baba, de la baba empon- 
zoñada de una plebe — no pueblo — a la que no 
le deja medrar la excelencia del prójimo o su buena 
suerte. Lo más del llamado en España tradicio- 
nalismo no es sino cainismo. Se persigue al hereje 
no porque con sus doctrinas ponga en peligro la 
salvación de sus hermanos, sino porque tiene doc- 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



29 



trinas y no necesita atenerse al «eso no me lo 
preguntéis a mí, que soy ignorante», de la fe del 
carbonero. Se exige uniforme porque si cada uno 
se viste a su modo el otro se hará notar por su 
atavío y pergeño y el inquisitivo no. 

A raíz del Manifiesto inquisitorial hubo diario 
como El 5o/, de Madrid, que abrió una sección 
para recibir denuncias y brindárselas al Directo- 
rio. Quería guardar así su papel. 

Anidiar, en la provincia de Salamanca al menos, 
significa limpiar, enjalbegar. Es voz también por- 
tuguesa, de adnitidiare, en francés nettoyer, en 
catalán netejar. 

X 

Voy ya, Señor, a los sesenta, historia 
larga mi vida de tenaz empeño, 
y siento el peso del eterno sueño 
que llega con la carga de la gloria. 

Cuarenta años son ya que en esta noria 
uncido al yugo de roblizo leño 
para desarrugar, Señor, tu ceño, 
voy regando de España la memoria. 



30 



MIGUEL DE UNAMUKO 



Sin SU tumba española, triste sino, 
dicen que no hay rincón de tierra alguno ; 
que ni un rincón de cielo cristalino 

haya sin una cuna — y yo la cuno — 
de idea de mi lengua determino 
que ha de hacerlo Miguel de Unamuno. 

13-V-1924. 

XI 

2 de ma3'o de 1S74, en Bilbao. 

Hace ya medio siglo — era yo un niño — 
cuando en mi dulce villa el Dos de Mayo 
vi entre nubes brillar el primer rayo 
de libertad civil. En el escriño 

de las leyendas guardo con cariño, 
bajo la sombra augusta de Pelayo, • 
tal visión infantil por si un desmayo 
me turba la razón. Tiene el armiño 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



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del manto real mechones de raposa 
empapados en sangre de gallina 
y aun el muñeco que lo gasta osa 

charlar de patria, honor y disciplina, 
pero siente ya el peso de la losa 
que ha de cerrar la hoca de su mina. 

13-V-1924. 

El 21 de febrero de 1S74, cuando no tenía sino 
nueve años y medio escasos, sentí caer junto a mi 
casa de Bilbao la tercera de las bombas que los 
carlistas lanzaron contra la Invicta Villa liberal. 
Cincuenta años justos después, el 21 de febrero de 
1924, me arrancaban, los carlistas también, de mi 
hogar de Salamanca para enviarme confinado a 
Fuerteventura . 

Lo de «mechones de raposa» no se refiere a 
zorra hembra. Si no fuese por la rima habría di- 
cho raposo, pero es sabido que ese nombre es co- 
mún de dos. Y es sabido también que Don 
Alfonso, que admira a su bisabuelo Fernando VII, 
se cree astuto como éste. 



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MIGUEL DE UNAMUNO 



Lo de «sangre de gallina» alude a la frase de 
Don Alfonso, que cuando supo lo que los rifeños 
pedían por el rescate de los cautivos de xVnnual 
dijo que estaba muy cara la carne de gallina. He 
puesto «sangre», aunque la verdad es que aborrece, 
como explicaré al comentar el soneto 98, la «efu- 
sión de sangre», aborrece la hemofilia, aquella 
triste enfermedad del zarevich que llevó al trágico 
Rasputine al Palacio del último zar de Rusia. 



XII 



Un siglo ya que al turhidento Riego 
hizo ahorcar el abyecto rey Fernando, 
el vil tirano de cobarde mando, 
siglo en que España no ha hallado sosiego. 

Vuelve el digno biznieto al mismo juego 
y nos quiere colar de contrabando 
la monarquía neta al par que dando 
a su tronchado cetro sangre en riego. 



DE FUERTEVENTL'RA A PARIS 



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Mas ni aún así ese basto ha de dar flores, 
m hoja, ni fruta, ni ha de darnos sombra, 
porque se ha de quemar a los ardores 

del sol de la justicia a que no asombra 
nube de vil pedrisco, y los traidores 
al pueblo han de servir al fin de alfombra. 

13-V-1924. 

Se ahorco, no se degolló a Riego ; es decir que 
fué sin efusión de sangre y véase el comentario al 
soneto 98. Ya Riego no se le ahorcó por haberse 
sublevado en Cabezas de San Juan, sino por haber 
declarado en las Cortes de Sevilla, con otros dipu- 
tados a los que no se pudo prender, que el rey 
estaba loco. 

Lo que no sé es si al ser ahorcado vertió o no 
hacia fuera sangre el desgraciado Riego, no sé si 
fué su suplicio con efusión de sangre o sin ella. Y 
véase a este respecto el comentari® al soneto 98. 

Viajando una vez con Don Alfonso XIII, en el 
tren, desde Zamora a Salamanca, me contó cómo 

3 



34 



MIGUEL DE UNAMUNO 



hiendo niño se divertía en la Casa de Campo en 
hacer pasar a unos cochinos por el aro, como en 
el circo, ejercicio muy propio de un rey constitu- 
cional. Y como una vez le hubiese dado uno de los 
cochinos con la jeta en la cara, me decía: «Si yo 
fuese supersticioso y creyese en eso de la metem- 
psícosis ! — me colocó la pepeleta ! — habría su- 
puesto si era que el alma de alguno de mis antepa- 
sados, encarnada en aquel cochino, venía a salu- 
darme.» Don Lorenzo Domínguez Pascual, en- 
tonces ministro de Instrucción pública, que tam- 
bién lo oyó, sonreía esfíngicamente y acaso pen- 
saba en el aro constitucional. Yo me acordé de 
Fernando VII, el bisabuelo de Don Alfonso, y 
de aquella su frase: «Entremos todos, y 3^0 el pri- 
mero, por la senda constitucional.» Acaso fué él 
quien, encarnado en aquel cochino, fué a repe- 
tírselo, con un gruñido, a su biznieto. Mas como 
no había truchimán, y éste, el biznieto, no en- 
tendía, por entonces a lo menos, la lengua por- 
cina, no lo comprendió. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 35 



XIII 

a¡ Ahora yo soy el amo!» Pobre chico, 
y lo dijo en francés del Instituto. 
Admira al hisahuelo, se cree astuto, 
y hasta presume de tener huen pico. 

Pero como no es ningún Federico 
y el seso tiene de sustancia enjuto 
le lleva su amo, su rocín, un bruto 
hasta que tenga que decir «¡ abdico !y> 

Ha querido colar de contrabando 
la monarquía neta, la del cuco 
que fué el abyecto sétimo Fernando, 

y aunque en España sobre hoy tanto eunuco 
como el muy listo es embustero y blando 
va a salirle al revés el viejo truco. 

I5-V-I924. 

A raíz del crimen contra la Constitución come- 
tido el 13 de setiembre de 1924, Don Alfonso dijo 



36 



MIGUEL DE UNAMUNO 



a uno de los embajadores extranjeros : Mainte- 
nant, je suis le maitre. 

\ Amo ! ¡ Señor ! Amo no ha sido nunca. Para 
ser amo es menester empezar por serlo de sí y 
de su lengua y de su firma. El que cometió la 
vil cobardía de aceptar el Directorio nunca puede 
ser amo de nadie ni de nada. Y lo de por amor a 
España es mentira. España no ha sido nunca su 
patria, sino su patrimonio. Y fundamentalmente 
la desprecia. 

XIV 

a 

Te llega ya tu San Pascual Bailón, 
baila, baila, que el baile ha de dar fin 
y ha de volverse al cabo el calcetín 
que aun no ha muerto en el reino la nación. 

También te ha de bailar el corazón 
y con sus sacudidas el serrín 
te ha de salir a chorro del bacín, 
a pesar de las pellas de algodón. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



37 



En esta pobre España de astracán, 
donde se dice a todo siempre ajaménh 
has podido reírte con desdén 

de los que te anunciaban huracán, 
pero déjate ya de ese va y ven, 
que las toman allí donde las dan. 

I5-V-I924- 

Don Alfonso nació un 17 de mayo, día de San 
Pascual Bailón. Lo demás no necesita comentario. 



XV 



Mat. XXV-14.30. 

Al sol de la verdad pongo desnuda 
mi alma; la verdad es la justicia 
que a la postre a la historia siempre enjuicia 
y ante la cual pura la fe no muda. 



38 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Él me enseñó a cantar con mi voz ruda 
lo que otros callan y al perverso enjuicia 
y me enseñó a escapar de la avaricia 
de dones del Espíritu ; Él me escuda. 

Doy lo que Dios me dió, pues mi talento 
moral no entierro por temor al amo ; 
mal le sirve el cobarde, el avariento ; 

voy a su ley de amor como a reclamo, 
echo mi entera mies al libre viento 
que deja el grano y que se lleva el tamo. 

16-V-1924. 

Esto está escrito mientras enteramente desnudo 
tomaba baños de sol en la azotea del «Hotel Fuer- 
teventura», de Puerto Cabras. 

La parábola evangélica de ios talentos debe ser 
muy conocida, no siendo de los tradicionalistas 
cainitas, para que tenga que exponerla \' expli- 
carla aquí. Verdad es que los predicadores harto 
tienen con despotricar contra lo que llaman libe- 
ralismo. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



39 



XVI 

Ruina de volcán esta montaña 
por la sed descarnada y 'tan desnuda, 
que la desolación contempla muda 
de esta isla sufrida y ermitaña. 

La mar piadosa con su espuma baña 
las uñas de sus pies y la esquinuda 
camella rumia allí la aulaga ruda, 
con cuatro patas colosal araña. 

Pellas de gofio, pan en esqueleto, 
forma a estos hombres — To demás conduto — 
y en este suelo de escorial, escueto, 

arraigado en las piedras, gris y enjuto, 
como pasó el abuelo pasa el nieto 
sin hojas, dando sólo flor y fruto. 

17-V-1924. 

Los campesinos majoreros o fuerteventurosos 
viven principalmente de gofio, harina de maíz o 



40 



MIGUEL DE UNAMUNO 



trigo — O mezcla de ambos — , tostado primero y 
luego molido en molino de viento. Llaman con- 
duto — antiguamente en castellano se decía con- 
ducho — a lo que acompaña a ese fundamental 
manjar: pescado seco, higos secos, queso, etc., 
para hacerlo pasar. , ' 

La aulaga es un esqueleto de planta; la camella 
es casi esquelética y Fuerteventura es casi un 
esqueleto de isla. 

XVII 

Hechos de los Apóstoles, XXVIII, 20. 

Tu evangelio, mi señor Don Quijote, 
al pecho de tu pueblo cual venablo 
lancé, y el muy bellaco en el establo 
sigue lamieyido el mango de su azote, 

Y pues que en él no hay de tu seso un brote, 
me vuelvo a los gentiles y les hablo 
tus hazañas, haciendo de San Pablo 
de tu fe, ya que así me toca en lote. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



41 



He de salvar el alma de mi España, 
empeñada en hundirse en el abismo 
con su barca, pues toma por cucaña 

lo que es maste, y llevando tu bautismo 
de burlas de pasión a gente extraña 
forjaré universal el quijotismo- 

19-V-1924. 

Tampoco quiero exponer lo que el libro de 
los Hechos de los Apóstoles cuenta en ese pasaje 
para que los lectores tengan que acudir a él. 
Aunque esté con notas de un jesuíta. 

XVIII 

Este cielo una palma de tu mano, 
Señor, que me protege de la muerte, 
del alma, y la otra palma este de Fuerte- 
ventura sosegado y fiel océano. 



42 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Porque es aquí, Señor, donde me gano 
contigo y logro la más alta suerte ¡ 
que es no ya conocerte, sino serte, ' 
ser por ti de mi vida soberano. 

Pues, ¿qué es sino lo que se llama historia. 
Señor, tu creativo pensamiento 
aquí, en este planeta, vil escoria? 

La carne, polvo, se la lleva el viento 
y luchando mi lucha por tu gloria 
quedarme en esta, que se queda, siento. 

19-V-1924. 

He dicho y repetido que la Historia es el pensa- 
miento de Dios en la Tierra de los Hombres. La 
historia humana, naturalmente, porque la llama- 
da Natural no es Historia. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



43 



XIX 

Y si te encuentras la escarcela hueca 
— y hien repleta la dejó la urraca — 
¿piensas que un Cid te ha de traer la saca 
de la conquista a lohio de Babieca? 

¿Por qué ha de darte, di, la gran jaqueca 
ese deporte vil de toma y daca? 
Ahí tienes a Ruhán, que es una vaca 
de leche de oro o una gallina clueca. 

Mas toma en cuenta que la suerte es loca, 
que no hay ya quien en Flandes ponga pica, 
ni te son nada los de casa y boca; 

nadie cree que el ser siervo glorifica 
y por si al cabo la negra te toca 
Hazte tu pacotilla y luego abdica. 

20-V-1924. 

Rubán fué, como es sabido, el caballo de 
carrera propiedad de Don Alfonso que ganó un 
primer premio corriendo en España. 



1 

I 

44 MIGUEL DE UNAMUNO 

«De casa y boca» se llama a los palatinos a 
quienes sostiene el rey, pordioseros con títulos de 
nobleza. 

XX 

Ecequiel, II 

a ¡Ponte — me dijo — en pie, que voy a ha- 

[hlarte!» 

Y en pie me puse y prosiguió: uTu raza, 

llena de desvario, me rechaza 

la mano fiel con que le doy su parte. 

Aun confía su salud en Marte 
y va de los infieles a la caza,.. 
¿Infieles? En sus manos puse maza 
para hacer en vosotros el descarte. 

Acuérdense del dia del estrago 
cuando mi dedo les mostró el camino, 
dia de la justicia, dia aciago; 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



45 



ni el agua que pasó vuelve al molino 
ni montó nunca mi siervo Santiago 
más que tal vez en un manso pollino.» 

* 20-V-1924. 

Santiago, el evangélico, no fué caballero. Nin- 
guno de los discípulos de Jesús debió de montar a 
caballo, ya que él, el Maestro, cuando entró en 
% Jerusalén, lo hizo montado en una pollina. Y hasta 
lo de que San Pablo, camino de Damasco, fuese 
a caballo es leyenda extraevangélica. 

El «estrago» se refiere al de Annual, acaecido 
cerca del día de Santiago de 192 1. 

XXI 

Ya sé lo que es el porvenir: la espera 
tupida de ansias, devorar tas horas 
sin paladearlas, confundir auroras 
con ocasos, sentir la senda huera. 



46 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Matar el tiempo de cualquier manera 
forzando al sueño con abrumadoras 
pesadillas de hiél y en las sonoras 
oraciones oír rumor de quera. 

Siempre aguardando la suprema cita, 
la de la libertad, santa palabra, 
pero no más; soñar en la garita 

mientras el tedio en nuestro pecho labra 
y cuando al fin el fin se precipita 
se abre del mar de la oquedad el abra. 

22-V-1924. 

Esto escribí después de varios días de acudir 
en vano, por la noche, de diez y media a doce, a 
la costa, a ver si llegaba señal del barco francés 
que había de sacarme del confinamiento. La his- 
toria de aquella larga y emocionante espera, que 
duró más de dos meses, he de contarla algún día. 



I 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 

XXII ' 



47 



¡Agua, agua, agua! Tal es la magua 
que oprime el pecho de esta gente pobres- 
agua, Señor, aunque sea salobre: 
¿para qué tierra, si les falta el agua? 

No hay caudal que soporte una piragua 
ni hay que esperar que Dios milagros obre, 
ni el sediento mortal la fuerza cobre 
con que el trabajo la riqueza fragua. 

Y les ciñe la mar, ¡pesada broma 
del Supremo Poder l Agua a la vista, 
sin que traiga verdura la paloma; 

hecho el cielo de nubes una pista 
y cada nube hermética redoma; 
¿hay quien ¡a sed junto a la mar resista? 

22-V-1924. 

Magua es una voz portuguesa muy usada en 
las islas canarias. Equivale a ansia, pesar, y mejor 



48 



MIGUEL DE UNAMITNO 



a lo que en nuestro siglo xvi quería decir man- 
cilla. 

XXIII 

¿Qué dices, mar, con tu susurro? ¡Dime! 
¿Ríes o lloras? Pasando las cuentas 
del eterno rosario me acrecientas 
el ansia de soñar que al pecho oprime. 

Es tu oración sin fin canto sublime, 
me traes, trayendo fe, las horas lentas 
que me trillan el alma y luego avientas 
mi grano con tu brisa que redime. 

Es tu silencio España escarnecida... 
páramos de mi España, mar de piedra 
que sufre y calla y al callar olvida 

es tu silencio, que aquí, libre, medra 
y me dice: «.Conságrame tu vida, 
que el noble nunca ante el poder se arredra-y* 



23-V-1924. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



49 



XXIV 

Cuando en lago de nubes peregrina 
la luna encima de la mar navega 
a mi alma, nube fugitiva, llega 
rayo de luz de lívida doctrina. 

Esa barca lunar que así camina 
a la deriva es una hoz que siega 
nubes de la ilusión, ¡oh, triste brega 
en que el error sobre el error se hacina! 

Naces y creces, misteriosa luna, 
menguas y mueres, de tu luz avara, 
pálido espejo de mortal fortuna; 

siempre, triste, nos das la misma cara 
y mece aquí, en este rincón, tu cuna 
agua que los pies lame del Sahara. 

«> 

4 



50 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Se refiere a una visión de la Luna que parecía 
navegar en un lago de nubes, encima de la mar, 
en una de las noches en que fui a esperar si lle- 
gaba el barco rescatador. La Luna nace en Fuerte- 
ventura en el horizonte marino que confina con 
las playas del Sahara. 

XXV 

Buscando palabras para los sonetos. 

Como las olas de la mar inmensa 
me llegan las palabras de tu rico 
lenguaje, pobre patria, y no me explico 
cómo aguanta la bomba de la prensa. 

Batido a yunque de pasión se adensa. 
riqueza soterraña rinde al pico 
del minero; del bieldo al abanico 
su perfumado tamo el aire inciensa. 

Lengua que fué: Cervantes — la sonrisa 
de la desilusión; fué viva llama 
— Teresa; fué: Quevedo — adusta risa 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 51 

y Góngora ¡a pompa que recama 
los ocasos; si el arte no la sisa 
en aguaducho de oro se derrama. 

23-V-1924. 

Sabido es lo que se llamó rima engendradora, y 
todo el que hace versos conoce el valor de suges- 
tión de un consonante obligado para colocar el 
cual surge una metáfora. Ks el azar, maestro de 
libertad encadenada. Así, en el soneto XVII, por 
ejemplo, la rima de venablo, establo, hablo y San 
Pablo. O en el XXII las rimas en agua. 

Aguaducho quiere decir aquí — y en tal sentido 
es como primero lo oí, en Bilbao, siendo niño — , 
inundación o avenida de aguas. 

XXVI 

Ante su último retrato. 

Ahora que voy tocando ya la cumbre 
de la carrera que mi Dios me impuso 
— hila su liltima vuelí^ al fin mi huso — 
me dan tus ojos su más pura lumbre. 



52 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Siento de la misión la pesadumbre, 
grave carga deber decir: Acuso Ijí, 
y en esta lucha contra el mal intruso 
eres tú, Concha mía, mi costumbre- 

En la brega se pierde hojas y brotes 
y alguna rama de vigor se troncha, 
que no en vano dió en vastagos azotes; 

pero al alma del alma ni una roncha 
tan sólo me rozó que con tus dotes 
eres de ella la concha tú, mi Concha. 

24-V-1924. 

En toda mi lucha civil de estos últimos años el 
apoyo mayor que he tenido es la entereza de espí- 
ritu de la compañera de mi vida, de la que me 
prendé casi en la niñez, de la que ha sido y es mi 
baluarte y mi más hondo consuelo. ¡ Bendita sea 
entre las mujeres ! 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



53 



XXVII 

Tranquilos ecos del hogar lejano, 
grises recuerdos del fugaz sosiego, 
suaves rescoldos de apacible fuego, 
cansada ante ellos, tiémhlame la mano. 

Olas que sois ensueños del Océano, 
y en cuya vista mi morriña anego, 
lavad meciendo mi pasión, os ruego, 
mas sin abrirme el misterioso arcano. 

¿Cuándo, Dios de mi España, pondrás tasa 
al baldón de tu pueblo envilecido? 
No pueblo, no, sino cobarde masa... 

Y ¿cuándo harás. Señor, compadecido, 
que en el silencio vivo de mi casa 
me dé en sus brazos al más santo olvido? 



24-V-1924. 



54 



MIGUEL DE UNAMUNO 



XXVIII 

Ive3^endo en el Dante, Purgatorio XXI, 133-139. 

Y ¿no estaré luchando, sombra adusta, 
contra pálida sombra de molino, 

no de gigante, que al vil peregrino 
de la pordiosería sólo asusta? 

Y esa España regida asi, a la fusta, 
¿.sombra será de ocaso en el camino 
que a derretirse va, triste destino, 
allá en la sombra de la noche augusta? 

Sombras chinescas son esos peleles 
que toman por acción el viero gesto 
de sus muecas; ¿por qué tanto te dueles? 

Guarda, sí, es tu deber, siempre tu puesto; 
mas no vale, Miguel, que te desveles 
ni que en duelos así eches el resto. 

24-V-1924. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



55 



Cuando el Dante, yendo acompañado de Virgi- 
lio, encontró en el Purgatorio a Estacio, éste fué a 
abrazar los pies de Virgilio, que le dijo: « Her- 
mano, no lo hagas, que eres sombra y ves som- 
bra . » 

Frate, 

Non jar; che tu se omhra ed omhra vedi 
XXIX 

Mira, hermano Cervantes, no te asombre 
que el nombre que hemos hecho honor y gloria 
de la patria común, el que en la historia 

nos une ya con lazos de renombre. 

({¿Quién como Diosfn — sea también el nombre 
de ese gran majalulo de la noria, 
pues llegará el cernido de la escoria 
cuando al fin la nación se desescombre. 

Aguarda, colombroño, el primer hito 
de esta senda falaz en que se mete 
ciego, sordo y perlático el maldito, 



56 



MIGUEL DE UK UIUNO 



y al cabo le verás preso de un brete, 
porque eso no es Migutel ni Miguelito, 
es veleta de torre, es miguelete. 

24-V-1924. 

Miguel es nombre hebreo que quiere decir 
«¿Quién como Dios?». 

Colomhroño equivale a tacaño. 

Conocí, de vista nada más, ¡claro!, a Miguel 
Primo de Rivera, llamado Miguelito por sus fami- 
liares, en Valencia, cuya torre remata en el Migue- 
lete. 

En Fuerteventura se le llama guelfo al camello 
mamón, o de leche; luego majalulo, hasta que 
empieza a trabajar, a los tres años, y luego ca- 
mello- 

XXX 

Fuera de tu casino, tu cotarro, 
no había mundo para ti, mastuerzo; 
pero mi senda, sábete, no tuerzo 
porque tires por ella con tu carro. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



57 



Arreglabas la tierra, vil chinarro, 
en charla huera a la hora del almuerzo; 
mas ya verás lo que hace de tu esfuerzo 
este que llamas ídolo de barro. 

De un caso así en España precedentes 
no logro hallar, por mucho que remonto; 
¿es que la risa general no sientes? 

Vuelve a ser nadie ya, pero muy pronto, 
que si no hasta tus mismos asistentes 
te dirán: ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! 

24-V-1924. 

Exageré sin duda en cierta carta que se dió 
como pretexto — no a mí, que ni pretextos me die- 
ron de ello — para mi deportación, cuando dije del 
Ganso Real que tenía menos seso que un grillo. 
Xo, no pasa de ser un tonto medio, un tonto sin 
mezcla de otra cosa. 

El verso onceno puede leerse como va puntuado 
o colocando general entre comas. Es de saber que 



58 



MIGUEL DE UNAMUNO 



una generalidad, o sea lo que se le ocurre general- 
mente a un general, es una vaciedad elevada al 
cubo. 

XXXI 

Cuando el cansancio de esperar me ahriiina 
y me vuelvo al afán de cada día 
contemplo ansioso vuestra teoría, 
sonetos de la mar, olas de espuma. 

Y al perderos de vista allá en la bruma 
del horizonte, aun busca el alma mía 
cómo fináis donde en la lejanía 
rendido el cielo con la mar se suma. 

Borregos de la mar, generaciones 
figuráis sea de hombres o sonetos; 
pasan las obras, pasan las naciones, 

queda la mar, guardando sus secretos; 
calma su espuma ntíestros corazones 
cansados podrá ser, mas nunca quietos. 



25-V-1924. 



DE FUERTEVENTüRA A PARIS 



59 



A las olas de espuma de alta mar se les llama 
borregos y también cabrillas; en inglés caballos de 
mar see horses ; en francés, moutons. 

Pero ¿son estos sonetos? Lo digo por lo que le 
ocurrió a un soldado estudiante, en \^alladolid, y 
es que escribió una composición rimada }■ de en- 
cargo para una jura de la bandera y al pasar luego 
revista el capitán general cuando llegó a él le dijo: 
«Bien, muy bien, muchado, por esas quintillas», 
y como él cuadrándose contestara: «No son quin- 
tillas, mi general, son décimas», el otro, con voz 

j mando: «¡Quintillas he dicho!» Y no sé si fué 
el mismo general que refiriéndose a unos Ensayos 
que un amigo mío publicaba en un diario local 
decía: «Hasta eso aprovechan para meterse con 
el Directorio y eso que los ensayos son cosa de 
teatro.» Y es que hay quintillas y ensayos de 

rdenanza. 

XXXII 

Ya como a propia esposa al fin te abrazo, 
¡ oh mar desnuda, corazón del mundo, 
y en tu eterna visión todo me hundo 
y en ella esperaré mi último plazo! 



6o 



MIGUEL DE UNAMUNO 



De ti mi pensamiento es ya un pedazo 
en coso estrecho siempre vagah'unUo, 
y a ti he de buscar en lo profundo 
de este mundo y del otro vivo lazo. 

Soñaba en ti cuando en la adusta tierra 
de Castilla vivía la llanura 
que se alza al cielo en la remota sierra; 

soñaba en ti, la virgen Escritura 
no leída jamás, donde se encierra 
el sino que secreto siempre dura. 

25-V-1924. 

Bs en Fuerteventura donde he llegado a conocer 
a la mar, donde he llegado a una comunión mística 
con ella, donde he sorbido su alma y su doctrina. 
Y le llamo «la mar» y no «el mar» porque los 
mares son el Mediterráneo, el Adriático, el Rojo, 
el Indico, el Báltico, etc. 

Sino — y sirva para en adelante — es el signo o 
conjunción de planetas y estrellas bajo que nace 
uno y que se cree determina su suerte toda- 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 
XXXIII 

Surgió esa larva de amarillos ojos 
de entre las nieblas del antaño oscuro, 
de un credo, no de un acreoD vil e impuro 
trayendo entre sus patas los despojos. 

Para aumentar del alma los cor do jos 
se puso a levantar un recio muro 
que de la libre busca, que es su apuro, 
nos cure los heréticos antojos. 

Al huroneo vuelve el Santo Oficio 
más bruto aún, vestido de guerrera, 
y nos han hecho del terror el quicio 

de la vida de España prisionera, 
que en cielo negro no cata resquicio 
de luz que nos anuncie primavera. 



62 



MIGUEL DE UNAMUNO 



La larva es la Inquisición, siempre latente en 
España, y que al conjuro del Manifiesto del 13 
de setiembre se hizo vigente. Y la Inquisición cas- 
trense es mil veces peor que la eclesiástica, por 
ser más torpe y zafia. 

No hay nada más desatinado que un proceso 
militar. El juez militar suele ignorar hasta el valor 
de las palabras del Código. Y es que el colmo del 
absurdo es erigir en jueces a los verdugos, o que- 
rer discurrir con el puño. 

XXXIV 

La mar ciñe a ¡a noche en su regazo 
y la noche a la mar; la luna, ausente; 
se hesan en los ojos y en la frente; 
los besos dejan misterioso trazo. 

Derritense después eii un abrazo, 
tiritan las estrellas con ardiente 
pasión de mero amor y el alma siente 
que noche y mar la enredan en su lazo. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



63 



Y se baña en la oscura lejanía 
de su germen eterno, de su origen, 
cuando con ella Dios amanecía, 

y aunque los necios sabios leyes fijen, 
ve la piedad del alma la anarquía 
y que leyes no son las que nos rigen. 

2S-V-1924. 

Para nuestros oficiales, anarquista es palabra 
vitanda, la palabra. Es como protesta. A una Co- 
misión del Casino de Salamanca que al presentarse 
al Gobernador militar empezó diciendo que pro- 
testaba de su respeto a las leyes, le atajó el coronel 
diciendo: «¡No, no sigan por ese camino, nada de 
protestas!» Se le advirtió contra la palabra. Y es 
que protesta debe sonarle? a protestantismo o a 
protesto de letras. Y nunca ven más allá de la 
letra. El espíritu no es cosa de ordenanza. 



64 



MIGUEL DE UXAMUNO 



XXXV 

Raya celeste de la mar serena, 
se echa de bruces sobre ti mi mente 
y abreva en ti, misteriosa fuente, 
el secreto de Dios de que estás llena. 

Eres su regla, la única, la buena, 
la que nunca se tuerce ni resiente, 
la que mide los cielos sonriente 
y a nivel de razón al mundo ordena- 

Cuando a mi juicio en su raíz agita 
el vil agravio que me graba el pecho 
acudo a ti como a divina cita 

y encuentro en ti para mis ansias lecho, 
tú, la palabra del Señor escrita, 
palabra original, que es el derecJio. 

28-V-1924. 

La raya celeste de la mar serena es la línea del 
horizonte que nos ofrece la imagen relativamente 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



65 



más perfecta de la línea recta, del nivel, del sím- 
bolo de la regla de lo derecho o sea del derecho. Y 
digo relativamente porque ya sabemos, sobre todo 
después de Einstein, que no hay línea recta abso- 
luta, que sería en todo caso la de una circunfe- 
rencia u otra curva de radio infinito. Ni la luz 
parece que va en línea recta. 

A cuyo propósito he de recordar que cuando, 
apenas lo escribí, leí este soneto a mi amigo del 
alma J.-E. Crawford Flitch, mi traductor al inglés, 
que me acompañó durante cuaranta días — una 
cuaresma — en Fuerteventura y le dije que la raya 
celeste de la mar, el horizonte marino-celestial, era 
lo que de derecho nos ofrece la naturaleza me con- 
testó señalándome el cielo, en que por un resquicio 
de nubes se colaba una raza de lumbre del sol 
poniente: «Y el rayo del sol.» 

XXXVI 

Palabras del idioma de Quevedo, 
henchidas de dobleces de sentido, 
cada una de vosotras es un nido 
de sutiles conceptos, y el enredo 5 



66 



MIGUEL DE UNAMUNO 



de la maraña que fraguáis el dedo 
del ingenio, con arte recogido, 
lo desenreda y salva del olvido 
vuestra alma secular. Rendido cedo 

de vosotras, palabras palpitantes 
de amor a quien os ama, al dulce halago 
que endulzó la amargura de Cervantes: 

acalladme las voces del estrago, 
sed para mi lo que ya fuisteis antes 
y ayudadme a tragar este mal trago, 

28-V-1924. 

XXXVII 



Y ¿qué vendrá después? Tal la pregunta 
que se hacen en España los borregos 
del rebaño cobarde y luego ciegos 
marchan a paso de cansada yunta. 



DE KUERTEVENTüRA A PARIS 



67 



Todos los tontos forman una junta 
de defensa — hay^os pad.es y los legos — , 
matan el tiempo en ridículos juegos, 
huyen del alba que en el cielo apunta. 

Ellos quieren saber el mote propio 
del que en corto redil ha de acarrarlos 
— los motes son de su rutina el opio — 

si será Alfonso, Cacaseno o Carlos; 
que les dejen hacer de alfalfa acopio 
y pueden a puñadas esquilarlos. 

28-V-1924. 

Excusado decir que los no tontos, los avisados, 
los propios, para nada necesitan de juntas de 
defensa. Ya Treitsclike dijo que estaba reservado 
al siglo XIX ver formarse el partido político de los 
tontos. En España al partido de los tontos cai- 
nitas, los de la mala baba, los incapaces de jui- 
cio y sentido propios, se les empieza a llamar 
Unión Patriótica. Entre los tontos hay algunos 
que se creen pillos. 



68 



MIGUEL DE UNAMUNO 



XXXVIII 

¡Solitarios sin fin a la baraja! . 
Al viento del azar, blando tirano, 
como las olas de. la mar, mi mano 
tiende los naipes. Este que no encaja 

y el otro que del juego se desgaja-.. 
Y van las horas, mas no van en vano; 
que ese azar, de la historia soberano,, 
así, piadoso, vais pesares maja. 

Ved, reyes de cartón, cómo os maneja 
por mano de quien sólo busca olvido 
de sus pesares el supremo potro 

de tortura; le suena vuestra queja 
rumor de ola en arenal perdido, 
a¡ Paciencia y barajaríais que dijo el otro. 



30-V-1924. 



Mi amigo Flitch, que conocía mi afición a matar 
tiempo perdido y adormecer la imaginación so- 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



brexcitada haciendo solitarios con la baraja 
— ^juego de paciencia, que dicen aquí — , me ofreció 
una baraja francesa para que lo hiciese. 

Lo que entre nosotros es oros aquí son corazo- 
nes, las copas son cuadrados; las espadas, picos; 
los bastos, tréboles. Lo que entre nosotros caballos, 
aquí son damas, o reinas. Los re\'es son aquí: el 
de corazones — oros — Cario Magno; el de copas 
— cuadrados — César; el de espadas — picas — Da- 
vid, y el de bastos — tréboles — Alejandro. Y sus 
damas son: Judit, Raquel, Palas y Argine. ¡Qué 
mezcolanza regia ! 

«¡Paciencia y barajar!» es la frase que Don 
Quijote oyó en la cueva de Montesinos. 

XXXIX 

Volviendo a leer, después de más 
de cuarenta años, Doña Perfecta, 
de Galdós. 

Remonto entre tus páginas pajizas 
el curso de mi vida, ya no escaso, 
y en sueños heho el agua de aquel vaso 
que se rompió en mi mocedad. Cenizas 



70 



MIGUEL DE UNAMUNO 



me riegas tierno y con tii riego brizas 
mis recuerdos de antaño, con que amaso 
el pan que pronto mantendrá mi ocaso, 
cuando mi patria se haga toda trizas. 

Días en que ignorante de tus males 
nací, España, a la historia oyendo el grito 
de mi Bilbao, que en las marinas sales 

de su ría recibe el don bendito 
de la mar libre, días liberales 
que me llenó de ensueños Don Benito. 

'* 31-V-1924. 

XL 

¿Cuál de vosotras, olas de consuelo 
que rodando venís desde la raya 
celestial y surcando con la laya 
espumosa a la mar el leve suelo; 

cuál de vosotras que aviváis mi anhelo 
viene del fiero golfo de Vizcaya? 
¿Cuál de vosotras con su lengua ensaya 
cantos que fueron mi primer desvelo? 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



71 



¿Sois acaso sirenas o delfines, 
a brizar mi recuerdo estremecido 
que de la mar se ahoga en los confines? 

¿Cuál de vosotras, olas del olvido, 
trae acá los zortzicos danzarines 
de los regatos de mi dulce nido? 

31-V-1924. 

XLI 

€Del fiero golfo de Vizcaya llego », 
me canta una ola y a mis pies perece 
y con su canto de agonía mece, 
Dios mío, esta zozobra en que me anego. 

Dime, Señor de España, te lo ruego 
por la mar de mi tierra, ¿es que merece 
tanto baldón que así la entenebrece 
y que a su corazón ha puesto ciego? 

Oigo, Señor, cómo mi patria gime 
con llanto vil de sórdido mendigo, 
sin que haya nadie que sus bretes lime; 



72 



MIGUEL DE UNAMUNO 



gusta bajeza — de ello soy testigo — 
y pienso si la mano que la oprime 
de verdugo será con tu castigo. 

31-V-1924. 

XLII 

Liberales de España, pordioseros, 
(da realidad, decís, se nos imponey>] 
pero esa realidad. Dios os perdone, 
es la majada de que sois carneros. 

Como estáis solos, ¡ oh, legión de ceros !, 
no valéis nada, ni hay quien eslabone 
vuestra cadena ni el cantar entone 
que hace mover el remo a los remeros- 
Liberales de España, cortesanos 
no de la espada, de la teresiana, 
comprendo al fin que no sois mis hermanos; 



DE FUERTE VENTURA A PARIS 



73 



echáis la siesta con heroica gana, 
guardáis la lengua en las temblonas manos 
y dais al esquileo vuestra lana. 

3I-V-I924- 

En una carta que recibí en Fuerteventura, y 
escrita por uno de los ex diputados socialistas, se 
me decía que era forzoso atemperarse a la realidad. 
A lo que contesté que realidad viene de res, cosa, 
y pueden creer que liay que plegarse a ella los que, 
conforme a la interpretación llamada materialista 
de la historia, opinan que son las cosas las que 
hacen a les hombres y los llevan; pero los que, 
como yo, creemos, en sentimiento histórico de la 
historia, que son las personas, los hombres, los 
que hacen las cosas y las llevan no debemos plegar- 
nos a esa realidad material y que conmigo llevé a 
la isla la personalidad de España. 



74 



MIGUEL DE UNAMUNO 



XLIII 



Alli donde su planta pone el hombre 
riega con sangre la inocente tierra, 
hace luego la historia, que es la guerra, 
rebusca revivir en el renombre. 

Aunque de flores Dios el suelo alfombre 
a sus errores el mortal se aferra 
y por los yermos, Caín triste, yerra 
donde al hermano con su sombra asombre. 

Desde que el pobre descubrió la muerte 
no encuentra al mundo espiritual sentido, 
ni en paz, Señor, consigue conocerte; 

le pone miedo y le engatusa olvido 
y es para siempre su maldita suerte 
pagar su deuda por haber nacido. 



I-VI. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



7 



XLIV 

Betancuria. 

Enjalbegada tumba es Betancuria, 
donde la vida como acaba empieza, 
tránsito lento a que el mortal se aveza 
lejos del tiempo y de su cruel injuria. 

Se oye en esta barranca la canturía 
de la resignación en la pobreza, 
la majorera — blancas tocas — reza 
entre ruinas, soledad, penuria... 

Desnuda la montaña en que el camello 
buscando entre las piedras flor de aulaga 
marca en el cielo su abatido cuello; 

mas de la tierra en la sedienta llaga 
pone el geráneo con su flor el sello 
de la mujer que nuestra pena apaga. 



2-VT. 



76 MIGUEL DE UNAMUXO 



El día primero de junio visité Betancuria, en 
compañía de varios amigos, entre ellos Ramón 
Castañeyra y Crawford Flitch. Está la villa, cuyo 
nombre recuerda a Juan de Betancourt, el descu- 
bridor y conquistador — ¡vaya una conquista! — 
de Fuerte ventura, en el fondo de un estrecho y 
cerrado valle, casi un barranco, y rodeada de 
escuetas y peladas montañas. Allí hay olivos, 
almendros, palmas, una austera tristeza y todo ello 
blanco, muy blanco. Blancas de jalbegue las casi- 
tas, blanca la iglesia, en que rezaban unas majo- 
reras tocadas con sus mantillas blancas. Visitamos 
las ruinas del convento de Franciscanos, en que 
vivió y oró y soñó San Diego de Alcalá. En las 
casitas había macetas de geráneos, que ponían su 
canto rojo en el silencio blanco. Sobre una de las 
montañas, en su cuchilla, se destacaba en el cielo, 
al volver nosotros, el contorno esquinado de un 
camello, con el cuello abatido al suelo y buscando 
acaso una esquelética aulaga para la rumia- 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



77 



XLV y XLVII 

Reflujo. 

Horas de aflojamiento en que el vacío 
me hincha la mente, presa de galbana; 
se muere el porvenir en la desgana 
y en la desgana muere el albedrío. 

Como vadeando en mes de agosto un rio, 
los recuerdos en lenta caravana 
cruzan por mi memoria y de ella mana 
contra mi terco empeño triste hastío. 

Duerme la mar y calla, duerme el viento, 
duerme en el lento olvido al fin la herida 
del agravio y con ella el pensamiento; 

cual de carcoma que en el alma anida 
siento el susurro del remordimiento 
de haber ligado a una misión la vida. 

4-VI. 



78 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Pero no, pero no, que es el reflujo 
de la marea espiritual que tapa 
con podre el alma y con la sucia tapa 
que del mosto de amor deja el orujo. 

n¡Y todo vanidad !y) es un tapujo 
del que, menguado, de la lucha escapa 
y a ese torpe saber como una lapa 
se apega, cuyo tedio es sólo lujo. 

¡La mar, la mar, la mar! Amar la vida 
y amamantarse de la lucha eterna, 
sentir el mimo de su sacudida, 

cuando murmura sus memorias tierna, 
mimo que merma la mortal herida 
en que el hartazgo con hastío alterna. 

6-VI. 

XLVI 

Lo que sufres, mi pobre España, es coma 
que tienes asentado en el cerebro, 
y con todas sus aguas el padre Ebro 
no ha de lavar la mugre de Sodoma. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



79 



Era tu corazón, hija de Roma, 
duro cual la madera del enebro, 
mas hete que te ha dado al fin el quiebro 
esa canalla vil que vive en broma. 

Reblandecida te rendiste al macho, 
que entre sandeces, sin pasión, te pega 
y te paga después con un gazpacho; 

mas para el día de tu fin que llega, 
tiene ya su recurso, es un capacho 
en que tus huesos a la tierra entrega. 

4-V. 

Cuando escribí este soneto, hace ya más de 
medio año, no me acongojaba como ahora el aspecto 
patológico de la tiranía que sufre España. Porque 
hoy creo que ]os locos que la están precipitando 
en su ruina lo son de locura específica, son pre- 
paralíticos progresivos, son enfermos del terrible 
morbo que sopla, como un vendaval, sobre Europa 
convulsionada. 



8o 



MIGUEL DE UNAMUNO 



XLVIII 



No hay un puñado de tierra perdido 
sin una tumba española olvidada, 
y esto consuela a los necios que nada 
tienen al fin que salvar del olvido. 

Quiero colgar con mis maíios un nido 
de pensamientos, mi España adorada, 
que tú me has dado, envainando la espada, 
de cada trozo de cielo encendido. 

ííj Tierra !y>, gritaron las tres carabelas, 
las que encelaron conquistas de muerte, 
y con el grito se hincharon las velas; 

a ¡Mar!)} es el sino que sella mi suerte, 
mar que entre luces te escondes y celas 
nunca en el cielo deje yo de verte. 



6-VI. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 8l 

No sé de dónde es eso de 

no hay un puñado de tierra 
sin una tumba española. 

¡ Tumbas ! Eso es lo que hemos sembrado por el 
mundo; eso es lo que dejaremos en Marruecos. 
Que no será la cuna de ningún español que nos 
ensanche el cielo. 

XLIX 

En Playa Blanca. 

Olas gigantes de la mar bravia 
que canta el sueño férreo de Vizcaya, 
cunada en el sosiego de esta piara, 
os sueña con morriña el alma mía. 

Curtió vuestra salina la osadía 
que traspuso del cielo azul la raya, 
la que su suerte en el océano ensaya 
y en él su vida al huracán confía. 



82 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Ciñó a la tierra por la mar Elcano, 
pues era vasco y le venía estrecho 
su golfo patrio: se lanzó al arcano; 

rico artesón de estrellas le dio techo; 
jué el timón laya en su segura mano; 
con él del mundo se ensanchó su pecho. 



L. y LI 



Recio materno corazón desnudo, 
mar que nos meces con latido lento, 
haña tu azul mi oscuro pensamiento 
y cuando me le llenas ya no dudo. 

Eres, postrado, del Señor escudo, 
nido gigante del gigante viento 
que en ti es silencio y es sólo lamento 
al chocar con la tierra donde sudo. 



DE KUERTEVENTURA A PARIS 



Insondables ternezas tu latido 
pulso del mundo y de sus penas noria, 
nos dice al corazón en el oído; 

de su augusta niñez guardas memoria 
y tu cantar, preñado del olvido, 
descúbrenos el fondo de la historia. 

Y si su música a soñar ayuda 
¿a qué buscarle letra y argumentof 
Como las pobres letras muda el viento, 
pero no el canto cuando el viento muda. 

Cigarra colosal, con boca muda, 
cantan sus alas, cantan el contento 
de beber luz y da su canto aliento 
el alma que en sus olas se desnuda. 

Toda eres sangre, mar, sangre sonora, 
no hay en ti carne de los huesos presa, 
sangre eres, mar, y sangre redentora. 



84 



MIGUEL DE UNAMUNO 



sangre que es vino en la celeste mesa; 
los siglos son en ti una misma hora 
y es esta hora de los siglos huesa. 

7-VI. 

Después de escrito este segundo soneto me he 
enterado de que la cigarra no canta, como el 
grillo — que no vuela — con las alas precisamente, 
sino con algún tímpano que tiene debajo de ellas. 
Pero no es cosa de variar el soneto, y en todo caso 
esa es la creencia vulgar. Hesiodo, en el verso 584 
de Los trabajos y los días, parece suponer que la 
cigarra canta con las alas, hypo pterygon, si es 
que no quiere decir bajo «las alas» . 

¡Dime qué dices, mar, qué dices j dimel 
Pero no me lo digas; tus cantares 
son en el coro de tus varios mares 
una voz sola que cantando gime. 



DE KUERTEVENTURA A PARIS 

Ese mero gemido nos redime 
de la letra fatal y sus pesares, 
hajo el oleaje de nuestros azares 
el secreto secreto nos oprime. 

La sinrazón de nuestra suerte abona, 
calla la culpa y danos el castigo; 
la z'ida al que nació 7io le perdona; 

de esta enorme injusticia sé testigo, 
que así mi canto con tu canto entona 
y no me digas lo que no te digo. 

8- 

IvIII 

Horas serenas del ocaso breve, 
cuando la mar se abraza con el cielo 
y se despierta el inmortal anhelo 
que al fundirse la lumbre lumbre bebe. 

Copos perdidos de encendida nieve 
las estrellas se posan en el suelo 
de la noche celeste y su consuelo 
nos dan piadosas con su brillo leve. 



86 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Como en concha sutil perla perdida, 
lágrima de las olas gemebundas, 
entre el cielo y la mar sobrecogida 

el ahna cuaja luces moribundas 
y recoge en el lecho de su vida 
el poso de sus penas más profundas. 

8-VI. 

LIV 

¿Es camello la nube o el camello 
es una nube, vaporosa gasa, 
que a ras de tierra a paso lento pasa 
dando al viento su cálido resuello? 

Su flotante contorno, ¿es bruma o vello? 
¿Celeste espuma su armazón o masa 
de huesos, piel, carne metida y grasa? 
¿Puso el aire o la tierra aquí su sello? 

Cuando el sol llega a su dorada puesta 
sobre nube de piedras — la montaña — 
me devano los sesos por si presta 



DE FUERTE VENTURA A PARIS 



87 



tomo la sombra al cuerpo o nos engaña; 
si es la vida el ensueño de una siesta, 
si la historia es leyenda o es patraña. 



No extrañe nadie que oponga en cierto modo la 
leyenda a la patraña- La leyenda es la verdadera 
historia, pues la leyenda es lo que creen los hom- 
bres que ha sucedido. Y lo que uno cree que ha 
sucedido influye más en su acción que lo que 
sucedió de veras. Se ha dicho que gana una batalla 
el que cree haberla ganado. Y se le vence al adver- 
sario cuando se le hace creer que está vencido. Lo 
mismo que es escribiendo historia — o leyenda — 
narrándola, como se hace historia y se forja por- 
venir. 

En la noche de este día, 13 de junio, se nos 
fué, conmovidísimo, y con lágrimas en los ojos, 
Mr. Flitch. Comimos con él, a bordo del Tordera, 
cuyo capitán era un vasco, un bermeano. 



88 



MIGUEL DE UNAMUNO 



LV 



Te da en la frente el sol de la mañana 
recién nacido, pálida doncella, 
misteriosa visión, fugaz estrella, 
que te derrites en la luz. Hermana 

de la que nace cuando la campana 
tocando a la oración doliente sella 
la fatiga de un día más, la mella 
que sume al alma en la mortal desgana- 

El alha y el ocaso cruzan manos, 
y así, a la silla de la reina, al día 
y a la noche, rendidos soberanos, 

los llevan a enterrar. Triste sería 
que al despertar de nuestros sueños vanos 
luz y sombra lucharan a porfía. 



14-VI. 



DE FUERTEVENTUEA A PARIS 



89 



Se llama la «silla de la reina» al asiento que dos 
personas pueden ofrecer a otra cruzando sus cuatro 
nanos de modo que se cojan con ellas las muñe- 
cas. 

LVI 

Al frisar los sesenta mi otro sino, 
el que dejé al dejar mi natal villa, 
brota del. fondo del ensueño y brilla 
un nuevo porvenir en mi camino. 

Vuelve el que pudo ser y que el destino 
sofocó en una cátedra en Castilla, 
me llega por la mar hasta esta orilla 
trayendo nueva rueca y nuevo lino. 

Hacerme, al fin, el que soñé, poeta, 
vivir mi ensueño del caudillo fuerte 
que el fugitivo azar prende y sujeta; 

volver las tornas, dominar la suerte 
y en la vida de obrar, por fuera inquieta, 
derretir el espanto de la muerte. 

18-VI. 



90 



MIGUFX DE TJNAMTjNO 



Siempre me ha preocupado el problema de lo 
que llamaría mis ayos ex-futuros» , los que pude 
haber sido y dejé de ser, las posibilidades que he 
ido dejando en el camino de mi vida. Sobre ello he 
de escribir un ensayo, acaso un libro. Es el fondo 
del problema del libre albedrío. 



LVII 

Hilo el negro toisón de la quimera, 
nuhe que ciñe con su manto .suave 
a la argentada Luna y que a la nave 
de mi magín da velas de carrera. 

Hilo el negro toisón, siempre en espera 
de que la hebra algtin día se me acabe 
y en ese día se me dé la llave 
de la puerta de allende la frontera- 
Hilo el negro toisón con el que emboza 
su desnudez la noche, y de ese paño 
hac[o la alfoínbra de la humilde choza 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



que me erijo en el cielo. Por peldaño 
tiene una cruz y con su techo roza 
los pies de Dios en el sublime escaño. 

iS-VI. 

LVIII 

Te has hecho ya, querida mar, costumbre 
para mis ojos, pies, pecho y oídos, 
cansados de esperar, y tus quejidos 
añaden a los míos pesadumbre. 

Tus olas bajo el sol despiden lumbre, 
como mis pensamientos cuando heridos 
por la cruel verdad miran rendidos 
del calvario de amor la áspera cumbre. 

Amor de patria que ellos con su boca 
blasfema están manchaiido en su estulticia, 
no amor de barro, sino amor de roca, 



92 



MIGUEL DE UNAMUNO 



amor que enseña la mortal caricia 
de garra de león, amor de loca 
pasión de fe encendida en la Justicia. 

2I-VI. 

«Quien bien te quiera te hará llorar», dice el 
refrán. Yo quisiera hacer llorar a mis hermanos 
en España, pero lágrimas de sangre — el Cristo 
sudó como sangre en el olivar — , lágrimas bro- 
tadas de una cara encendida en el rojor de la 
vergüenza por haber soportado las coces de los 
verdugos. 

LIX 



Después de leer en La Publi- 
citat del 23-V-924 la segunda 
edición del artículo, en cata- 
lán, «Psicología de^ garlaires». 

No vacía, mas llena de vacio, 
que es peor, lleva el Ganso la cabeza; 
tiene al vacío horror Naturaleza, 
y un tonto así es un monstruoso crio. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



93 



Charla mas sin decir, se le va en brío 
en mueca y guiño, manotea^ aceza, 
rastreando en vano alguna pobre pieza 
que le saque tal cual de tanto lío. 

Un tonto entontecido es triste cosa 
cuando, mortal, la ambiente cobardía 
le hace cotarro y resistirle no osa; 

el tirano mejor, la tiranía, 
como trabaja alguna vez, reposa, 
mas, ¿se puede cansar la tontería? 

22-VI. 

El artículo distinguía, en catalán, entre garlar, 
diferente de parlar, que ni es tan bajo como xerrar 
ni tan noble como enraonar. En español tenemos: 
barbotar, charlotear, charlar, parlar, hablar y 
conversar. Garlaire es propiamente charlatán. «El 
charlatán es el hombre que sufre la embriaguez de 
la palabra. Siente el gusto de decir cosas que le 
parecen interesantes y agradables. Se escucha a sí 



94 



MIGUEL DE UNAMUNO 



mismo y encuentra que los otros han de sentir el 
mismo gusto en escucharle.» 

Añade la cruz que representa oírlos como se 
emborrachan hablando — otras veces hablan borra- 
chos de vino — hacen el efecto de vanidosos — ellos 
presumen alguna vez de soberbios, ¡pobres ton- 
tos ! — , y encuentran aduladores. «Si uno de estos 
hombres llega a cierta representación personal 
toma por costumbre el hablar repetidamente al 
público, y si no puede hablar, escribe- Y cuando 
ha acabado alza los ojos como pidiendo el aplauso 
entusiasta. ¿Verdad que lo he hecho bien? parece 
decir con la mirada. Al principio, el auditorio 
sonríe, pero acaba poniéndose triste.» «Charlando 
se hinchan y se les pone roja la cara, y les ríen 
los ojos y les cantan las músicas a los oídos.» 
¿Músicas? No, eso no es música; eso no es mas 
que matraca, murga. 

Acaba el artículo: «Coged todas las explicacio- 
nes, alocuciones, himnos, relatos, cuentos y cuen- 
tecillos de los charlatanes 3-^ pasadlos por un ce- 
dazo. Por muy fino que sea todo se irá abajo y 
encima brillará la nada cubierta con la hojarasca 
de las palabras vanas.» 



DE FUERTE VENTURA A PARIS 



95 



l Y si así fuese ! Pero en ei fondo de los mani- 
fiestos, alocuciones, notas oficiosas, preámbulos 
de reales decretos, discursos, cartas 3' declaracio- 
nes del 3^Iarqués de Estella o los que ha hecho 
redactar a otros tan botarates como él ha}^, cu- 
briendo la nada conceptual y sentimental y voli- 
cional, una hojarasca podrida, llena de fango y 
de excrementos de macho y de veneno de mala 
baba. Las groserías, los insultos, las injurias, las 
calumnias y los embustes que ha echado encima 
de los antiguos políticos, de aquellos de quienes 
solicitó favores, no siempre lícitos, y a quienes 
felicitó por los actos mismos de que después les 
incriminaba, son algo más y peor que fiiUaraca de 
les páranles vanes. 

El trágico (! tonto entontecido» — con un enton- 
tecimiento acaso de origen mórbido específico y de 
masculinidad — se ha confesado alguna vez, 
aunque de modo indirecto, incompetente, ambi- 
cioso y soberbio, pero de buena fe. Xo incompe- 
tente, sino tonto; no ambicioso, sino codicioso; no 
soberbio, sino vanidoso. Y tampoco de buena fe. 

Y respecto al trabajo, he de recordar que siendo 



90 MIGUEL DE UNAMUNO 

yo niño, allá en mi Bilbao, jugábamos con el co- ') 
chorro — el melolontha vidgaris, en francés han- i 
neton — rompiéndole por la mitad una de las pati- í 
tas, metiéndole por lo que de ello le quedaba un ^ 
alfiler unido a una cintita de papel arrollada a un 
palito y haciéndole volar en torno a éste con unas 
sacudidas. Y el que lograba que su cochorro diera 1 
vueltas al palito volando y zumbando decía : j 
«¡ Qué trabajador es el mío !», y le cantaba: 

j 

Chitolea. pa\'olea, vola, vola tú. \ 

Así me parece el pobre Ganso Real, que revo- | 
lotea en torno al palo de la dictadura como un | 
cochorro y que a eso le llama trabajar. Al princi- I 
pió de la dictadura^decían algunos de sus admira- 
dores: «¡Si trabajará, que hace cinco días que no 
va a casa de zorras ! » Después ha alquilado otros 
cochorros, algunos que se dicen civiles, y les hace 
hacer estatutos municipales y otras quisicosas más. 
Y los pobres abejorros, con su patita rota y su 
cinta de servidumbre, revolotean zumbando en 
torno al palo que les sujeta. Lo que no logró en- 
contrar es quien le hiciese el proyecto de ley del 



DE FUERTE\'EXTURA A PARIS 



impuesto único, otra tontería de que oyó hablar en 
el Casino o durante una juerga. O en el Lebrero 
de Jerez, donde dice que aprendió la ciencia de la 
gobernación del pueblo. 



LX 



Es una antorcha al aire esta palmera, 
verde llama que busca al sol desnudo 
para heherle sangre; en cada nudo 
de su tronco cuajó una primavera- 

Sin bretes ni eslabones, altanera 
y erguida, pisa el yermo seco y rudo, 
^ara la miel del cielo es un embudo 
la copa de sus venas, sin madera. 

No se retuerce ni se quiebra al suelos- 
no hay sombra en su follaje, es luz cuajada 
que en ofrenda de amor se alarga al cielo, 



7 



98 



MIGUEL DE UNAMUNO 



la sangre de un volcán que enamorada 
del padre Sol se revistió de anhelo 
y se ofrece, columna, a su morada. 

22- VI. 

LXI 

Vuelve hacia atrás la vista, caminante, 
verás lo que te queda de camino; 
desde el oriente de tu cuna el sino 
ilumina tu marcha hacia adelante- 
Es del pasado el porvenir semblante; 
como se irá la vida así se vino; 
cabe volver las riendas del destino 
como se vuelve del revés un guante. 

Lleva tu espalda reflejado el frente; 
sube la niebla por el rio arriba 
y se resuelve encima de la fuente; 

la lanzadera en su vaivén se aviva; 
desnacerás un día de repente; 
nunca sabrás dónde el misterio estriba. 

23- vi. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



99 



En mi novela — o nivola — Niebla he expuesto 
ya esta fantasía — ¿sólo fantasía? — de una histo- 
ria que va del porvenir al pasado, de una película 
que invierte su marcha ordinaria. 



LXII 



Pleamar, bajamar; alza su pecho 
y lo abate el Océano cada día; 
hay horas encumbradas de osadía 
y horas en que la je rueda a su lecho. 

Horas que al corazón le viene estrecho 
todo el cielo de luz, y horas que espía, 
lívido y quieto, la mirada fría 
de la Muerte que cree ver en acecho. 



Ya en la corona del Señor se posa, 
ya rueda de su escaño a la hondonada, 
donde su horror encuentra propia fosa; 



100 



MIGUEL DE UNAMUNO 



ya sale con el Sol por la alborada, 
ya se pone en la noche tenebrosa 
sin luna y sin estrellas de la Nada. 

27-VL 

Dos días antes de escrito este soneto llegaron 
por segunda vez a Puerto Cabras M. H. Dumay, 
director de Le Quotidien, su mujer y hermano de 
ésta, un ruso. Venían a arreglar de nuevo la eva- 
sión. El barco L^Aiglon, un bergantín goleta, 
había tardado más de un mes de Marsella a Moga- 
dor. El día 27 se fueron a Las Palmas. Y empeza- 
ron unos días de agitación, de ansiedad — de que 
he de contar cuando haga el relato objetivo de la 
cautividad y de la liberación — , en que la vena 
poética estaba seca o congelada. 

EXIII 

Horas dormidas de la mar serena; 
se cierne el Tiempo en alas de la brisa; 
cuaja en el cielo azul una sonrisa 
y todo él de eternidad se llena. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



lOI 



Abrese el Sol su más íntima vena, 
corre su sangre sin retén ni sisa, 
Naturaleza oficia en muda misa, 
que es de la paz sin hombres santa cena. 

Todo es visión, contemplativo oficio; 
nada en el ciclo ni en la mar padece; 
es sin pena ni goce el sacrificio; 

de ensueño el Universo se estremece, 
y de la pura idea sobre el quicio 
en el ahna de Dios mi alma perece. 

2S-VI. 

Este soneto refleja un momento de inmersión en 
la vida más entrañada, más íntima, en medio de 
la agitación histórica. 

LXIV 

No, no es Credos aquella cordillera; 
son nubes del confín, nubes de paso 
que de oro viste el sol desde el ocaso; 
sobre la mar, iio roca: bruma huera. 



102 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Gredos, que en la robusta primavera 
de mi vida llenó de mi alma el vaso 
con visiones de gloria que hoy repaso 
junto a esta mar que canta lagotera. 

¡Aquel silencio de la inmoble roca 
lleno de gesto de cordial denuedo ! 
I Aquel silencio de la inmensa boca 

del cielo, en que ponía sello el dedo 
del A Imanzor ! ¡ En su uña al paso choca 
y se rompe la sierra de remedo! 

29- VI. 

Compárese este soneto con el 54 y véase el 
mismo concepto poético — o sea creativo — sobre 
la nube y el camello, la nube y la sierra. Kl 
Almanzor es el pico más alto de Gredos; en él se 
quiebran las nubes que fingen aristas desde lejos, 
cumbres de sierra- 

Después de escrito este soneto el día i de julio 
supe que mi hijo mayor, con su mujer, habían 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



103 



llegado a Las Palmas, donde se vieron con los de 
L^Aiglon que venían a libertarnos, y esperaron 
allí el resultado, creyendo que nos evadiríamos a 
la isla de Madera y de allí a Lisboa para ir a Fran- 
cia. El 2 llegó Delfina Molina Vedia de Bastia- 
nini, mi amiga argentina, con su hija, y se fué el 
6. El día 9 nos evadimos y el 11 llegamos a Las 
Palmas, donde me reuní con mis hijos. El 21 em- 
barcamos en el Z celan dia, con rumbo a Charbugo. 
Todo lo cual contare cuando haga el relato de la 
aventura. 

LXV 

Raices como iú en el Océano 
echó mi alma ya, Fuerteventura, 
de la^criiel historia la amargura 
me quitó cual si fuese con la mano. 

Toqué a su toque el insondable arcano 
que es la fuente de nuestra desveninra 
y en sus olas la mágica escritura 
descifre del más al!o Soberano. 



104 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Un oasis me fuiste, isla bendita; 
la civilización es un desierto 
donde ¡a fe con la verdad se irrita; 

cuando llecriié a tu roca llegué a puerto 
y esperándome allí a la última cita 
sobre tu mar vi el cielo todo abierto. 

A bordo del Zeelandia 
rumbo a Lisboa, 22-VIL 

• 

El 25 de junio me escribió una carta desde Anti- 
bes mi amigo del alma Mr. J.-E. Crawford Flitch. 
La carta está en inglés y de ella traduzco este 
párrafo : 

((Vine acá el sábado desde Marsella. Viniendo 
en el tren, por la tarde, la hermosura de esta 
costa me sobrecogió : la fresca y lujuriante vegeta- 
ción, el suave, brillante y silencioso mar, las relu- 
cientes, blancas villas, el aspecto de sonriente 
serenidad y bienestar, parecía como un paraíso 
terrenal. Parecía irreal. Parecía imposible que la 
vida pudiera estar tan en absoluto sin dureza, sin 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



105 



austeridad. Sí, estoy un poco asustado de ello. 
Temo ir a dormirme aquí. Ha}' una especie de 
sensualidad incubando en todo ello. Aquí el ani- 
mal que hay en el hombre zapa al espíritu. Usted 
no hace falta aquí ; no ha^^ quehacer aquí para 
usted ; el mundo está muy bien como está ; no ha}^ 
nada por qué esforzarse, por qué luchar, irse a 
dormir y dejar de molestarse-» 

Y más adelante: 

(í ¡ Fuerteventura ! ¡ Estoy casi nostálgico de 
Fuerteventura ! ¡ Inolvidable isla f Para mí Fuer- 
teventura fué todo un oasis, un oasis donde mi 
espíritu bebió de las aguas vivificadoras y salí 
refrescado y corroborado para continuar mi viaje 
a través del desierto de la civilización. No puedo 
decirle todo lo que he ganado en mi contacto con 
usted. Veo la vida desde un ángulo diferente. Sí, 
creo que iba a dormirme antes de llegar a Fuerte- 
ventura; pero ahora estoy de nuevo despierto.» 

¿Que he de añadir a esto? 



io6 



MIGUEL DE UNAMUNO 



LXVI 

Sed de tus ojos en la mar me gana; 
hay en ellos tamhicn olas de espuma, 
■rayo de cielo que se anega en hruma 
al rompérsele el sueño, de mañana. 

Dulce contento de la vida mana 
del lago de tus ojos; si me abruma 
mi si}io de luchar, de ellos rezuma 
lumbre que al cielo con la tierra hermana. 

Voy al destierro del desierto oscuro, 
lejos de tu mirada redentora 
que es hogar de mi hogar sereno y puro, 

voy a esperar de mi destino la hora; 
voy acaso a morir al pie del muro 
que ciñe al campo que- r/ii patria implora. 

A bordo del Zeelandia, frente 
a las costas de Francia, 26- VIL 

Puede cotejarse este soneto con el 26. 



A Juan Cassoii, 
en París. 



Le llamo a usted, mi querido amigo, compañero 
y paisano, Juan y no Jean, porque, aunque ciuda- 
dano y hasta funcionario francés es usted a la vez 
español, hijo de española — ¡y qué noble espa- 
ñola ! — y nacido en aquel Deusto de que tan dulces 
recuerdos de niñez y mocedad conservo, allí al lado 
de mi Bilbao. Y quiero enviarle los sonetos que 
he escrito en París, como he querido poner al 
frente de los de Fuerteventura a Ramón Cas- 
tañeyra. Porque usted es el padrino de muchos de 
ellos y usted ha sido no sólo uno de mis mejores 
traductores al francés, sino mi mejor guía en 
París. 

i Lo que hemos hablado aquí de literatura fran- 
cesa y española, y que bien me ha defendido usted 
de los que a toda costa quieren arrancarme juicios 
sobre los literatos y poetas actuales de aquí, lo 
que no es sino puro caholinagc ! 



io8 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Un día compre aquí Les odeurs de Paris, del 
famoso libelista sedicente católico Louis Venillot, 
y al final de esas diatribas me encontré con una 
pequeña colección de sonetos. Precédelos un breve 
prólogo que se titula El derecho al soneto. 

De donde tomo estos pasajes: aMucbas perso- 
nas me advierten que es vergonzoso hacer sonetos 
cuando se escribe en prosa, y más vergonzoso 
mostrarlos...)) Y luego: «Ninguna ley del arte pro- 
hibe al estatuario esculpir medallones, al pintor de 
historia hacer croquis y hasta bosquejar carica- 
turas, al prosista acoplar rimas- Ciertos pensa- 
mientos no reciben su verdadera forma mas que 
en verso. Las rimas son dientes, unas, alas. Todos 
los prosistas lo han sentido, casi todos han tentado 
algún ensayo, rara vez feliz, lo confieso.» 

Luego cuenta la historia de aquel soldado espa- 
ñol, a quien le rompieron una mano de un arca- 
buzazo, que fué llevado cautivo entre ciertos ber- 
beriscos, que no quiso mendigar ni hacerse mu- 
sulmán, y provisto de una guitarra cantaba con 
áspera voz canciones de su cosecha. Y cüando 
algún berberisco, sobre todo los alguaciles, le 



DE FüERTEVENTURA A PARIS I09 

decía: «¿No te da vergüenza, viejo soldado, de 
rascar una guitarra?», respondía: « Dejadme libre 
la mano que me queda y me veréis hacer otra 
cosa.» 

Y yo añado que cabe pelear a guitarrazo limpio. 
O a sonetazos. 

No son, sin embargo, de batalla ni todos ni los 
más de estos sonetos parisienses. Fuerteventura 
me ha acompañado a París; es aquí, en París, 
donde he digerido a Fuerteventura y con ella lo 
más íntimo, lo más entrañado de España, que la 
bendita isla fuerteventurosa simboliza y concen- 
tra. Aquí, en París, donde no hay montaña, ni 
páramo, ni mar, aquí he madurado la experiencia 
religiosa y patriótica de Fuerteventura. 

Había estado aquí, en París, hace treinta y cinco 
años, cuando la Exposición Universal de 1889, 
cuando se inauguró la torre Eiffel, y tenía yo vein- 
ticinco años, y he vuelto a cumplir aquí mis 
sesenta... 



Pero como veo que si me dejo llevar de mi genio 
esta chachara por escrito no va a acabarse nunca, 



no 



MIGUEL DE UNAMUNO 



dejo que vuelvan a decirle de mí y de nuestra Es- 
paña 3^ de su mancilla mis sonetos. 
Le abraza, 

Miguel de Unamuno. 

París, 10-I-1925. 



LXVII 

Te alzas enjuta sobre el cielo pardo 
cielo que envueve mi respiro enfermo 
— en él contigo cada noche duermo — , 
duermo y tu piedra en mis entrañas guardo. 

Te alzas enjuta como flor de cardo, 
flor que es un hito en el confín del yermo, 
dia tras día de esperanzas mermo, 
se hace mi paso cada vez más tardo. 

Eres mi luna ya, Fuertev entura, 
gigante espejo del gigante ocaso 
del sol de España en su postrer postura; 



DE FüERTEVENTL'RA A PARIS 



III 



llega la noche y de su negro vaso 
vierte la mano del Señor segura 
sobre ti, España, el agua del Acaso. 

París, lO-IX. 

El primer soneto que me brotó aquí, en París, 
fué del recuerdo, mejor, de la presencia viva en 
el centro del alma, en su roca, de Fuerteventura- 

•El agua del Acaso» es el azar trágico de la 
_iistoria. 

LXVIII 

c; España ! ¿A alzar su voz nadie se atreve? 
]'a a arrastrarte el alud de la mentira; 
tu amor presta a mi voz ardores de ira... 
Sacúdete, mi Españay> ... No se mueve... 

¡España, España! Blanca... fría... nieve... 

Tenebrosos los ojos, mas yio mira... 
Un espejo a la boca... ;'No respira! 
,:.Nn oís el vuelo de su sombra leve? 



12 



MIGUEL DE UNAMUNO 



,Aqin, con tu cabeza en mi regazo, 
porque han de henchirte la pupila muerta 
mis lágrimas de fuego y de rechazo, 

regar la mano que te cuelga yerta, 
mientras te abre la mía de 711 portazo 
el bronce cruel de la visión desierta. 

París, ii-lX. 



LXIX 



¿Dónde reposarás, corazón mío, 
corazón de mi España, dime, dónde? 
¿Dónde Ja fuente de tu afán se esconde 
y en lago para de tu sangre el río? 

¿Dónde te ha de rendir al cabo el frío 
cuando en mi pecho la tormenta ahonde 
y el hondón de tu cauce a la par sonde 
donde enterrado aguarda el albedrío? 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



¿De dmde, di, mi corazón, surgiste 
ad&iide se alza tu frondosa copa 
nic de verdor el alto azul reviste? 

¿Dónde esa copa con el cielo topa? 
Dónde has de ser lo que al hacerte fuiste? 
Dónde en el sueño, al fin, ttí fin se arropa? 

París, I2-IX. 

Me pidieron un autógrafo de soneto para publi- 
carlo en una revistilla y luego traducirlo, y les di 
éste por creerlo intraductible. 



LXX 



Caído desde el cielo aquí me aburro 
— y cielo era la mar, junto al desierto — 
con este marco el cielo es cielo muerto, 

no oigo de Dios el inmortal susurro, 

8 



114 



MIGUEL DE UNAMUNO 



No sueño yo, sueña el hermano hurto 
que me lleva con tardo paso incierto 
soñando en el progreso en que no hay puerto 
y quiere hacerme creer que asi discurro. 

¡Discurrir ! ¡Cuántas tardes la amargura 
del hondón de la historia de mi España 
me endulzaste en tu mar, Fuerteventura ! 

¡Cuántas me derretiste inmunda saña 
metiendo la evangélica dulzura 
de tu higo de secano hasta mi entraña ! 

París, 16-IX. 

El «hermano burro» es cosa sabida que es la 
sensualidad o también la sensación materialista y 
progresista de la vida. Un cielo con marco de 
tejados de casas de calle es cielo muerto. 

¡Las higueras de Fuerteventura, aquellas hi- 
gueras evangélicas, palestinianas, que sacan jugo 
de la escueta roca ! 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



I 



LXXI 



¡Oh, clara carretera de Zamora, 
sonadero feliz de mi costumbre, 
donde en el suelo tiende el sol su lumbre 
desde que apunta hasta que rinde su hora! 

¡Cómo tu cielo aquí en mi pecho mora 
y me alivia la grasa pesadumbre 
de esta ya más que mucha muchedumbre 
de París que el reposo me devora: 

Bulevares, esquares, avenidas, 
sumideros del metro, ¡qué albañales 
del curso popular, con sus crecidas ! 

Senaras de la Armuña, ¡qué pañales 
disteis a mis ensueños ! ¡Cuántas vidas 
abortan en las grandes capitales! 

París, 24-IX. 



ii6 



MIGUEL DE UNAMUNO 



En Salamanca acostumbro pasearme, sobre todo 
en invierno, por la carretera que lleva a Zamora, 
viendo desplegarse a mis ojos la llanura de la 
Armufía, henchida de mies. Armuña o Almunia 
quiere decir en arábigo huerta. 

IvXXII 

En la Plaza de los Vosgos. 

Las nubes del embozo de mi villa 
natal hilaban hebras del orvallo 
— sirimiri su nombre — y yo a caballo 
de un Clavileño en flor de tiro y trilla 

— textos del Instituto eran su silla — 
me iba a la mar del cielo; sobre el tallo 
de aquella flor un m'ágico tresmallo 
para pescar ideas, ¡maravilla ! 

Corría el agua del Nervión; la calle 
de mi lenta niñez que fué el enfullo 
de los ensueños que incubé en su valle 



DE FUERTE VENTURA A PARIvS 



117 



traíame de lejos el arrullo 
de la mar de Vizcaya, ¡que no calle 
Dios, pues me quita el mundanal barullo ! 

París, 7-X. 

La Plaza de los Vosgos es una plaza para abue- 
I los y para nietos. Yo no soy aún abuelo. Visitán- 
I dola me remonté a mi niñez, a cuando era nieto, y 
' recordé la Plaza Nueva de mi Bilbao, aunque se 

le parezca poco. Aquella Plaza Nueva, a la que 
I canté en mis Poesías, donde cae el calabobos, el 

sirimiri, y tanto soñé y fragüé — a los dieciséis 
I años — ¡ sistemas filosóficos ! 



LXXIII 



¡Oh, mar salada, celestial dulzura 
que embalsamaste mi esperanza loca, 
me subes a los ojos y a la boca 
cuando revive en mí Fuerteventura ! 



ii8 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Espero aún, ya que mi fe perdura 

fraguada allí sobre su roca, roca; 

el sol eterno con su luz la toca; 

de todo frágil barro la depura- 
Colmo de libertad, frente al Océano, 

donde la mar y el cielo se hacen uno 

sobre mi frente Dios posó la mano; 

con tal recuerdo mi esperanza cuno 
sostiéneme en este camino vano 
y alimenta a mi espíritu en su ayuno. 

París, lo-X- 

Lo que más echo de menos aquí, en París, es 
la visión de la mar. De la mar que me ha enseñado 
otra cara de Dios y otra cara de España, de la 
mar que ha dado nuevas raíces a mi cristiandad y 
a mi españolidad. (No me gusta ni cristianismo ni 
españolismo; -i¿mo es pedantería helénica; -dad 
es vida, r..mance.) 



DE FUERTEVENTüRA A PARIS IIQ 

LXXIV 

Viendo pasar un dirigible 
desde el bulevar Hausmann, 
el lo-X. 

Hoy he visto volar una ballena 
sobre el Sena, ¡milagro del progreso!, 
y a dos pares de labios con un beso 
los juntaba en un auto loca vena. 

Venían de contarme a boca llena 
¡as maravillas de Móscii; por eso 
no admiré a la ballena con exceso, 
¡escama de español que se refrena! 

¿Y el beso? ¡Pobre beso con camisa 
de maquillage, beso de parada 
dado por dar dentera y muy de prisa! 

¡ Volaba la ballena y i:c era alada 
y yo sentía reventar de risa 
a Dios eterno en su eternal morada ! 



I20 



MIGUEL DE UNAMUNO 



hXXV 

Isla de libertad, bendita rada 
de mis vagabundeos de marino 
quijote, sentí en ti, ¿orden del sino?, 
cómo la libertad se encuentra aislada. 

Aislamiento feliz que es la alborada 
de la liberación de su destino, 
que asi la podre irá por donde vino 
hasta su cuna, su postrer morada. 

Libertad, libertad, isla desierta, 
conciencia de la ley, que es servidumbre, 
tú no eres casa, no eres mas que puerta; 

mas por la puerta entra de Dios la lumbre 
dentro la casa y nos mantiene alerta, 
no nos rindamos a la vil costumbre. 

La libertad, ¿es, en efecto, la conciencia de !a 
ley? El que sabe por qué obra como obra, ¿es 
libre? Si un planeta conociese las leyes de Kepler 



DE FüERTEVENTURA A PARIS 



121 



y de Copérnico, ¿se creería libre? Pero la ley a 
su vez es servidumbre. De todo esto nadie mejor 
que San Pablo. 

LXXVI 

Constestando a la llamada 
del Dios de España que tiene 
su trono en Credos. 

fí.¡ Miguel! ¡Miguel!» Aquí, Señor, desnudo 
me tienes a tu pie, santa montaña, 
roca desnuda, corazón de España 
y gracias, pues que no me sigues mudo. 

Tu pan, hecho del aire, está ya Iludo, 
y pues tu sangre desde el sol me baña 
capaz me siento de cualquier hazaña 
bajo el dosel de tu celeste escudo. 

; Comer y trabajar, no! Quiero y hago; 
mi obra, esto es, mi lida, mi fe abona 
—mi obra al borde del común estrago — , 



122 



MIGUEL DE UNAMUNO 



sólo espero de Ti — ¡Señor, perdona! — 
des a mi vida, des a mi ohra en pago 
una muerte inmortal como corona. 

París, I2-X. 

El pan de Dios es su palabra santa. Liúdo 
en castellano, yeldo en leonés, quiere decir fer- 
mentado. 

Comer, no, sino querer; trabajar, no, sino hacer. 
Porque trabajar para cora^^r y comer para trabajar 
es ganapánería- Y el ganapán en cuanto puede se 
hace pordiosero. O pordiosea trabajo servil. 

LXXVII 

En la Rotonda de TroLzky, 
bulevar Montparnasse. 

Un mariquita aquí, una marimacho 
por allí, los artistas, sus amigas, 
melenas a nivel, acaso ligas 
de todas clases y sombrero gacho. 



DE KüERTEVENTURA A PARIS 



123 



Fuman y dan sablazos sin empacho, 
perras y gatos hacen buenas migas, 
comunismo al revés de las hormigas, 
donde son las sin sexo las del sacho. 

De aquí Trotzky sacó fe y esperanza 
soñando el paraíso venidero, 
aunque no vio que en la mundana danza 

es Soviet ideal el hormiguero , 
padres y madres viven en holganza 
atentos a su fin: el criadero. 

París, 13-X. 

Ese café de la Rotonda es aquel a donde vamos 
los que nos dicen conspiradores. 

En el hormiguero trabajan las hormigas neutras 
y los machos y hembras que se dedican a procrear. 

Como en la colmena la reina y los zánganos. Lo 
malo es que los mariquitas y las marimachos no 
son ni padres ni madres, sino que evitan serlo. No 
se dedican propiamente a procrear. 



124 



MIGUEL DE UNAMUNO 



LXXVIII 



Ayer decía a Cossío y a 
Urbano: «Cuando hayamos 
derribado este régimen, ¿qué 
inventar? 

Eiv- neblina otoñal se anega el Arco 
de la Estrella; semeja enorme duna 
que se horadó para a la roja Luna 
submarina del cielo hacer de marco. 

En esta luna de Verlaine me embarco, 
vuelve mi mente a su primera cuna 
y una verdad descubre inoportuna: 
que el cielo aquí, en París, no es mas que un 

[^charco. 

Sigue flotando en él la Enciclopedia 
que armada en corso antaño puso asedio 
al Arca de la Fe cuando la acedía 



DE FUER TE VENTURA A PARIS 



125 



¡a carcomía; pero hoy su remedio 
es la Revolución, una comedia 
que el Señor ha inventado contra el tedio. 

París, 15-X. 

Pocos días antes de haber escrito esto vi la Luna 
llena, roja y entre neblina, por el hueco que for- 
ma el Arco de la Estrella. El día en que lo escribí, 
volviendo del Bosque de Boloña con mis dos ami- 
gos, venía preocupado con lo del tedio, que a las 
veces me acomete, y su medicina, que es la His- 
toria. Lo de la duna me recordó a la Montaña 
Quemada, montón de cenizas de volcán que ha}^ 
en Fuerteventura, cerca de la Oliva- Y ello me 
sugirió el soneto que sigue. 

LXXIX 

;0h, la trágica sed de la Montaña 
Quemada bajo el sol que se reía'! 
Ni llorar su dolor ella podia; 
cenizas de volcán visten su entraña. 



120 



MIGUEL DE UNAMUNO 



A SU pie me acordaba de mi España 
que ni bebe roció de alegría 
ni llorar sabe, y su dolor confia 
a un cabezal de paz, roca ermitaña. 

Del páramo perlático y adusto 
por siglos de dolor entumecido 
el ceño guarda de su infancia el susto, 

en sus raices al sentir el nido 
brotar del infernal dragón. Procusto, 
que hizo del Juego al fin roca de olvido. 

París, i6-X. 

LXXX 

No modelar, como las lluvias, dedos 
del Señor; esculpir a blanca brasa 
roca que posa, no barro que pasa, 
lengua de fuego que se fragua. Credos. 

Lanzando a soplos de palabra miedos 
del pueblo encima, hacerle hervir la masa 
y armar en ella la enteriza casa 
donde tiene el Espiritu sus ruedos. 



DE FUERTEVEN'TURA A PARIS 



I 



Esto es revolución; esto es raigambre 
que rompe el suelo cual gigante brote 
— la tierra en tanto presa de calambre — 

se esgrime el aire que lia de ser azote; 
el más seguro es, sin disputa, el hambre 
y el que sopla ha de ser un Don Quijote. 

París, i6-X. 

LXXXI 

Desde las tristes márgenes del Sena, 
preso en ellas a la fuerza del sino, 
el Duque, sacudiéndose el destino, 
lo arrastró, hecho ya carne, hasta la escena. 

A Don Alvaro dió vida la vena 
del destierro; le fué caz del molino 
de telar este Sena donde el lino 
tejió de los ensueños de su pena. 



128 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Con las aguas del Sena corrió oscura 
la ficción de su historia en este suelo, 
tras la mar del olvido, que es su cuna, 

y al subir la verdad del Arte al cielo 
la gloria de Don Alvaro perdura 
y su pasión da a nuestra fe consuelo. 

París, 17-X. 

Cuando, hace pocos días, leí este soneto a tii: 
amigo mío erudito en historia de la Literatura 
española me dijo que el verso tan conocido de 

Desde las tristes márgenes del Sena 

no es del Duque de Rivas, autor de Don Alvaru 
o la fuerza del sino, tragedia romántica escrita y 
estrenada en París, sino de Martínez de la Rosa. 
Mas no por eso he de variar el soneto, porque en 
la misma equivocación que yo estaban otros. Y 
además, ¿quién sabe?... 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



129 



LXXXII 

Leyendo Corn-Law Rhy- 
mes, de CarlylE. 

Me canta Ja pasión — tal es su estilo — ; 
la pasión no es idea, es sentimiento; 
sufro la idea, el pensamiento siento 
que me levanta sobre el barro en vilo. 

De estas mis rimas con el frácril hilo 
de la palabra, poderoso aliento, 
un sonoro diamante hago del viento 
y armo a mi afán de eternidad asilo- 

Me canta Ja pasión, y así conjuro 
con ese encanto la feroz mentira 
que arrastra a España en su destino oscuro; 

se me hace amor con el cantar la ira, 
y al cantar de mis iras me depuro 
poniendo en alto de mi amor la mira. 

París, I7-X- 



130 



MIGUEL DE UNAMUNO 



El pobre botarate de Primo de Rivera, frivolo 
con frivolidad invencible y hueca por dentro y por 
fuera, en la carta que escribió al Director de Le 
Quotidien — ¡él, un Dictador, rectificándome en 
carta a ijn diario! — decía, entre otras necedades, 
que me querría «exento de pasión», j Exento de 
pasión! ¿Qué entenderá de eso el pobre tonto? 

La pasión, como le contesté desde el mismo 
diario, es la fuente de la acción, y, en cambio, la 
frivolidad, la botaratería de señorito crapuloso y 
calavera — la calavera no tiene seso — no engendra 
mas que gestos, ademanes. Los pobres tontos creen 
que el gesto es acción y pasan por el cinemató- 
grafo gesticulando. Y ladrando. Excepto alguno 
que aúlla. 



El macho me creía a -mi otro eunuco, 
eso que llaman los tiranos sabio, 
uno que sella por prudencia el labio; 
¿filósofo? Tal vez, si eso es ser cuco. 



LXXXIII 




DE FUERTEVENTURA A PARIS 



Del saber de los sabios odio el truco 
cuando echan al puchero el vil agravio 
compadeciéndome — ¡infeliz! — , que rabio 
y el corazón no tengo hecho de estuco. 

Si sabio es el que sabe, también sabe, 
puesta con salsa verde, la merluza; 
mas no el pato a volar, y eso que es ave; 

a los sabios consulta el moro Muza 
que le expliquen lo que es el arquitrabe... 
¿Academia de patos? ¡Vil gentuza! 

París, iS-X. 

Tengo que escribir sobre los llamados en Es- 
paña sabios, que han dado el más triste ejemplo 
de servilidad y de cobardía. 

Para el Ganso Real son sabios los catedráticos 
que le dieron matrícula de honor a su hijito. 



32 



MIGUEL BE UNAMUNO 



LXXXIV y LXXXV 

No te lo digas ni a ti mismo, calla, 
corazón, cállate, causa perdida 
hace el empeño de tu pobre vida, 
y es un lento suicidio tu batalla. 

Las que parecen nubes son muralla, 
tu pueblo nunca aprende y siempre olvida; 
no le des nada, aunque tu ayuda pida, 
porque no sabes manejar la tralla. 

Una racha de hielo tus raices, 
¡ay, corazón sin patria ni consuelo!, 
hace migajas; no te martirices; 

duérmete aquí, sobre un extraño suelo, 
entre otros hombres que se creen felices, 
'duérmete, corazón, mata el desvelo. 

Ay, mas si duermes, soñarás, ¡me aterra 
la historia de tu España, pesadilla 
secular, ¿será Credos la rodilla 
de Caín sobre Abel tendido en tierra? 



DE Fl'ERTEVEXTURA A PARIS 



No soñarás ¡a nohlej civil guerra, 
sino de banderizos ¡a guerrilla; 
no la honra de luz, ¡a negra honrillas- 
no hazañas leoninas, vida perra- 
La vida es sueño. ¡Seal Mas la muerte, 
¿no es pesadilla acaso? Loco empeño 
quijotesco querer sortear la suerte. 

Veo en el cielo tu implacable ceño, 
Dios de mi España ciega, sorda, inerte. 
¡Señor, Señor, Señor, mátame el sueño! 

^ París, 20-X. 

Ya se sabe lo que según el general Prim, al de 
que había que destruir lo existente con estruendo, 
hace falla para hacer la guerrilla. Ahora que eso 
no basta para la guerra. La guerrilla se hace con 
eso, pero la guerra con inteligencia. Y hay la 
guerra civil y la guerrilla civil. 

Sabido es que al supuesto león, con su cola en 
v^, que figura en algunas piezas de cobre de diez 
V de cinco céntimos de peseta, el pueblo le llama 



134 



MIGUEL DE UNAMUXO 



perro o perra, perro chico o grande. Y a la chica, 
también perrilla. 

LXXXVI 

« 

En el Jardín del Luxem- 
burgo, a la caída de las hojas 
de otoño. 

Doradas hojas de la lev ta tarde 
de mi vida y del año, sueño al veros 
las piedras de oro — ¡sus rojos letreros! — 
de Salamanca, donde Dios me guarde. 

Corazón, nunca has sido tú cobarde; 
esas hojas fe anuncian los primeros 
hielos de aquí, en París, ¡oh, los braseros, 
donde el rescoldo entre cenizas arde! 

Noches en que la lumbre sosegada 
dormía, en tanto que fuera el relente 
despertaba a la vida en la alborada; 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



noches en que sentí sobre mi frente 
la mano del Señor que de la nada 
¡me iba exprimiendo el sueño que no miente! 

París, 28-X. 

Sobre las doradas piedras de mi Salamanca se 
leen los letreros de los vid ores con que se cele- 
braba la colación de grados en la antigua Univer- 
sidad. 

LXXXVII 

No consigo soñar, vil pesadilla 
— dícenla realidad — , me mata el sueño; 
mi Dios, el de mi España, frunce el ceño; 
se nubla el sol que sobre Credos brilla. 

¡ Y fué mi historia sueño ! j A ncha es Castilla ! 
Soñé, cual Don Quijote, al pie del leño 
de encina en flor; bajó dulce beleño 
por las noches a mi alma en maravilla. 



136 



MIGUEL DE UNAMUNO 



¡Miel luminosa en temblador rocío 
gotean por la noche las estrellas 
desde el Camino de Santiago, río 

que en nuestro cielo va lavando huellas 
del Romancero; plañen las querellas 
de Alfonso Diez, el que soñó sin brío! 

París, 9-XT. 

Sobre la flor de la encina, la llamada candela, 
he escrito alguna vez. No puedo representarme a 
Don Quijote sino al pie de una encina, con las 
bellotas en la mano. Del corazón de la encina ha- 
cen en tierra de charros dulzainas. ¡ Corazón melo- 
dioso ! 

El pobre Alfonso X, llamado el Sabio, soñó sin 
brío su vida y acabó querellándose. 

LXXXVIII 

Ese cerdo epiléptico que gruñe 
pedanterías de rigor, rezuma 
la bilis de Caín, cenizas fuma 
de aquella patria cuya unión nos muñe. 



DK FrERTEVEXTURA A FARIS 



.4 España el corazón se le engurruñe 
del lívido terror con que le ahruraa 
y no columbra entre la negra bruma 
del porvenir dónde su estrella acuñe. 

Con su miedo amedrenta ese bellaco 
y se cobra además, que en su artería, 
se mete a sangre y a la vez a saco; 



París, ii-XI. 



^ se le rinde cobarde burguesía 
B y se le presta dócil al atraco, 
K que ellos se entienden y Mamón los guia. 

I 

ff^Lo de .«cerdo epiléptico» fué un mote forja- 
do en colaboración con Pórtela Valladares, el que 
fué gobernador civil de Barcelona. Hablábamos 
del general M. Anido, el amo de Primo de Rivera, 
y me dijo: «Es un cerdo», 3' yo: «¡Xo, sino un 
epiléptico!» Y él: «¡Bueno, un cerdo epiléptico!» 
Blasco Ibáñez le ha llamado «verdugo negociante» . 
Lo de negociante alude, sin duda, a que siendo 



MIGUEL DE UNAMUNO 



el general ese gobernador sedicente civil de Barce- 
lona recibía dinero procedente del juego de ciu- 
dades de España y con parte de él se pagaba a los 
pistoleros del Sindicato libre, y a asesinos a sueldo. 
Y parece que había otros negocios también. Por- 
que, si el sacerdote vive del altar, el sostenedor 
del llamado orden tiene que vivir — y medrar y 
gozar y divertirse — de la represión. 



LXXXIX 



Un trozo de planeta por t: 
que cruza errante la sombra 
de Caín... 

Antonio Machado. 

¡Ay, triste España de Caín, ¡a roja 
de sangre hermana y por la bilis gualda, 
muerdes porque no comes, y en la espalda 
llevas carga de siglos de congoja! 



DE FUERTEVENTüRA A PARIS 



Medra machorra envidia en mente floja 
— te enseñó a no pensar Padre Ripalda — 
rezagada y vacía está tu falda 
e insulto el bien ajeno se te antoja. 

Democracia frailuna con regüeldo 
de refectorio y ojo al chafarote, 
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo, 

(jubicnio de alpargata y de capote, 
timba, charada, a fin de mes el sueldo, 
■ apedrear al loco Don Quijote. 

París, 12-XI. 

El Manifiesto del 13 de setiembre de 1923 re- 
sucitó al partido carlista, al inquisitorial, al de 
las guerras civiles cainitas que ensangrentaron 
y envenenaron a España durante el siglo xix. A 
su conjuro se encendió la mala pasión que es el 
cáncer moral de la España vieja, esa mala pasión 
que se incuba en los conventos y en las sacristías- 
De Gobierno de alpargata y de uniforme ha 
hablado el oráculo de los junteros del Ejército. 



140 



MIGUE DE UNAMUNO 



Lo de la charada me lo sugirió un caso típico. 
Y es que en Medina de Ríoseco estaban encan- 
tados con el delegado gubernativo — un oficial del 
Ejército — que en nada se metía, nada inspeccio- 
naba, dejaba a todo el mundo en paz y se pasaba 
el día en su cuarto... lej^endo revistas y diarios. 

Luego resultó premiado en unos concursos de 
solución de charadas y rompecabezas en Valla- 
dolid. Y no necesita esto más comentario. 



XC 



¡La garganta del Abrego ?,n acezo 
de huracán barrió el páramo paraje 
no de morada, 7nas de tardo viaje 
trayendo el Caos... Caos es bostezo! 

Contra el arpa eolia tropiezo 
dio y la rompió con ímpetu salvaje 
lanzando todo trizas su cordaje 
entre briznas de escoba, mata y brezo. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



141 



Hubo que oír el desgarrante aullido 
de estertor con que el arpa en agoiiía 
hirió de Dios el implacable oído; 

hubo que oír su (k¡se acabóla) 
moría España envuelta en polvo y el quejido 
de bajo tierra a Don Quijote oía. 

París, I2-XI- 

La palabra griega caos quiere decir, en efecto, 
bostezo, lo mismo que el latín hiatus; de un verbo 
que significa «abrir la boca» . 

Sobre el ábrego, i lo que habría que decir ! 

En rigor, no es que España muere, sino que la 
están matando, dando garrote, los que dicen ser 
sus salvadores. 

XCI 

Tu voluntad, Señor, aquí en la Tierra 
se haga como en el cielo; pero mira 
que mi España se muere, la mentira 
en su cansado corazón se aferra. 



42 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Sus entrañas desgarra triste guerra 
de hermanos enemigos; cese tu ira, 
el duro palo del pastor retira, 
tiende la mano al que perdido yerra. 

Perdónanos, Señor, si somos reos 
que hemos de hacer tu nombre siempre santo, 
pues a creyentes cubre y cubre a ateos; 

tu nombre no es palabra, es todo canto; 
lo han manchado en mi patria fariseos 
haciendo de el para su envidia manto. 

París, 13-XL. 

XCII 

En el entierro del niño Yag 
de Luna, muerto de meningiti 
tuberculosa a los ocho meses d 
edad y enterrado en el cemen 
terio parisiense de Pantin, e 



14-XI-924. 



DE FUERTHVENTÜRA A PARIS 



.1 un hijo de españoles arropamos 
hoy en tierra francesa; el inocente 
se apagó — ¡feliz él! — sin que su mente 
se ah riese al mundo en que muriendo vamos. 

A la pobre cajita sendos ramos 
echamos de azucenas — el relente 
llora sobre su huesa — , y al presente 
de nuestra patria el pecho retornamos. 

üAnte la vida cruel que le acechaba, 
mejor que se me mueran — nos decía 
su pobre padre, y con la voz temblaba; 

era de otoño y bruma el triste día 
y creí que enterramos — ¡Dios callaba! — 
tu porvenir sin luz, ¡España mía! 

¡En mi vida olvidaré ese día en que fuimos a 
enterrar al pobre niño ! Era uno de los días en 
que más me dolía España. 



144 



MIGUEL DE UNAMUXO 



XCIII 



ííDcjad que entierren a sus muertosi»; dijo 
idos muertosy) y tamhión: aNo es de este mundo 
r,ii reino)). Son voces del profundo 
seno de Dios hrotadas a su Hijo. 

Dejad que al falso Apóstol de ClavijOy 
aquel de a; cierra España Ir), al iracundo, 
fango le dcji aJ pie del nauseabundo 
trono que no es ya mas que un armadijo. 

Vas a morirj mi España; mas no importa, 
que otra, ya pura, llevas en tu entraña; 
larga tu historia, mas tu dicha corta, 

vas a morir de parto, ¡gran hazaña!, 
y si tu parto de morir no aborta 
caerá sobre tu muerte un ¡viva España! 



París, 20-XT. 



DE FUER TE VENTURA A PARIS 



XCIV 



: c'-iuo al tioupo el / devora! 
No de ¡a fuente, del estero el hado 
soplif^ los ríos; el sino estrellado 
de nuestra suerte lo es de iiltinia hora. 

En la mente de Dios ordenadora 
la del revés la Historia; al desgraciado 
dortal que se cree libre el lacerado 
orazón desengarios le atesora. 

Recordando esperanzas que es lo mismo 
nie espera de recuerdos vivo y muero 
¡esde la exlrcniauiiciL U hasta el bav.ti>'r,v\ 

me siento criatura y considero 
nie voy rodando al primitivo abismo 
¡onde a quedar por siempre prisionero. 



París, 21-XI. 



146 



MIGUEL DE UNAMUNO 



En este soneto volví a la misma preocupació 
que expresa el 61. 

Estaba obsesionado al escribirlo por el pape 
que juego en la actual tragedia española, con 
rey y sus carlistas de un lado, el M. Anido y s^ 
pretorianos y junteros de otro, los antiguos sedi 
centes republicanos, los socialistas, los partid 
del llamado antiguo régimen, y en la cola, ha 
ciendo el ganso, el Ganso Real. 



XCV 



¡Es terrible trillar paja sin trigo! 
Volver cada mañana al mismo coto 
y ala misma tarea, el pecho roto 
y al aire de los campos, sin abrigo. 

¿Quién enriquece al que nació mendigo? 
Para él opinar es tener voto, 
que no es un hombre libre, es un devoto.., 
¿Por qué, dime. Señor, tanto castigo? 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



Es ({organizacióny) el chibolete 
de los pobres borregos sin mollera 
que cantan libertad, pero en falsete. 

¡Ay, pobre corazón, no eres de cera 
mas te tienen llagado con el brete 
forjado con sus hierros de carrera ! 

París, 28-XI. 

Y ¡ tan terrible que es tener que aguantar a 
esos que creen que el sentido político consiste en 
apuntarse para un ista cualquiera o levantar han- 
derín de enganche, redactar un programa y abrir 
matrícula ! 

Lo de chibolete se explica en mi ensayo sobre 
la ideocracia (tomo II de los Ensayos)- Durante 
años nadie ha hecho en España más política, más 
opinión política que _vo, pero me negaban el sen- 
tido político los profesionales de la politiquería, 
aquellos para quienes la política no es mas que 
electorería. Eso sí, una vez que a uno de esos par- 
tidos — ¡y tan partidos! — se le ocurrió presen- 



148 



MIGUEL DE UNAMUNO 



taime candidato a diputado a Cortes por Madrid, 
su caudillo — un fantasmón tan huero como el 
Ganso Real — me insinuó que pagase ios gastos 
de elección, cuando en todo país de sentido polí- 
tico democrático esos gastos los pagan los partidos. 
Hasta cuando luego tienen dietas los diputados. 
Verdad es que el caudillo es un negociante — y cl 
toda clase de negocios — , que vive de la política 
y de Gobernación. Lo que podría disculpársele si 
tuviese algo de sustancia í.n el seso envenenado. 



XCVI 

El domingo 30 de noviem- 
bre de 1924 asistí a los oficios 
divinos de 10 a 12 en la iglesia 
griega ortodoxa de San Este- 
ban — ho hagios Stephanos — , 
calle de Georges Bizet, cerca 
de mi domicilio. En el tím- 
pano interior, un gran busto 
pintado de Cristo, con esta 



J 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



149 



lej^enda evangélica en griego: 
«Yo el camino, la verdad 
y la vida.» 

(íYo soy la senda, la verdad, la vida.y> 
¡Y qué duro, Señor, otro destino! 
¡De otra verdad como es terrible el sino! 
¡Cuán pronto de otra vida uno se olvida! 

Bilis y tinta encima de la herida 
abierta al polvo negro del camino, 
sin tu sangre. Señor, celeste vino 
que la embalsame al fin de la partida. 

(íNo es mi reinon) — dijiste — «de este mu7ído;yi 
pero ve que sin patria triste muero 
en el desierto y en error profundo; 

raíz dame en la tierra, aquí, primero, 
sin raíz coi: el polvo me confundo: 
sólo con ella he de irte todo entero. 



París, 30-XI. 



MIGUElv DE UNAMUNO 



XCVII 



¿De dónde, adonde, para qué y cómo? 
Este es todo el afán de ¡a tragedia, 
donde se encierra toda enciclopedia 
y en piel humana encuadernado el tomo. 

De ver punto final ni leve asomo; 
la brega del buscar cría la acedia, 
triste dolencia que nada remedia; 
sólo la niñez tierna guarda aplomo. 

Y brota desde tierra la pregunta; 
acaba la respuesta con un pero... 
cuando la cuna al sepulcro se junta; 

gira el talón por el mismo sendero, 
vuelve lo arado a arar la misma yunta 
y vuelve lo úliimo a ser lo primero. 



París, 9-XII. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



Después de haber escrito los cuartetos y dejado 
en suspenso el soneto leí en un ensayo de Carlyle 
(Characteristics) esto: 

«Aber»... con un «Pero»... Esta fué la última 
palabra que salió de la pluma de Federico Schle- 
gel; hacia las once de la noche la escribió y se 
detuvo enfermo; a la una de la mañana el Tiempo 
se le sumergió en la Eternidad; ya no era más, 
como decimos.» 

Eso del pero... final me caló hasta el hondón del 
alma, sacudida por la tragedia de mi patria y de 
la civilización cristiana — ¿cristiana? — toda. 

XCVIII 

La gana, ¡a real gana, es cosa vana 
y va a dar a la nada su sendero, 
pero el entendimiento para en pero... 
y iodo va dejándolo al mañana. 

íi¡ Hay que obrar! — grita así la gente sana — ; 
ajpalo! ipalofí), mirando al matadero. 
¿Qué importa que la res sea cordero 
o loho^ ¡Nuestra ley todo lo allana! 



MIGUEL DE UNAMUNO 



A unos pobres muchachos vil garrote, \ 
asin efusión de sangrey>y ¡oh, gran clemencia!, 
en Vera les han dado, sin que brote 

ni un quejido del pueblo; su paciencia 
espera a que el rife fio nos derrote * 
la dictadura vil de la demencia. 

París, IQ-XII- 

Este soneto y los que le siguen están dominados 
por el problema de la gana, la real gana, la san- 
tísima gana y su diferencia de la voluntad- 
Sabido es que Schopenhauer, el pesimista, nos 
admiraba a los españoles, y nos admiraba en vir- 
tud de su pesimismo, porque hacemos radicar la 
pura voluntad, la voluntad ciega, la voluntad sin 
inteligencia, en los órganos genitales del macho, 
en la amasculinidad completamente caracteri- 
zada», que dijo el Primo en su Manifiesto. La- 
gaña va a dar a la nada, otro concepto muy cas- 
tizo. ¿Por qué Amiel, en su Diario intimo, pone 
la palabra nada en español? Y la nada produce el 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



nadismo, que es el nihilismo español castizo, el 

I quietismo de Miguel de Molinos, el aragonés. 
Sobre esto acabo de escribir en mi libro La 

: agonía del Cristianismo, que aparecerá en francés 
en la colección Christianisme, que dirige P.-L. 
Couchoud y edita aquí, en París, la Casa F. Rie- 
der y Compañía. 

Y ahora a lo de los pobres muchachos de Vera. 
Que fueron aquellos ilusos, engañados no se 
sabe por quién y acaso en connivencia con la poli- 
cía española, que les tendió ese lazo, que entraron 

' en España por Vera., en la frontera de Navarra, 
creyendo que estaba preparada una revolución 
republicana 3'... en los cuarteles! Hubo lucha con 
la guardia llamada por contraposición civil — ra- 
bón, el que no tiene rabo — y murieron unos guar- 
dias y unos revolucionarios, inocentes víctimas 
unos 3- otros de pecados de sus respectivos directo- 
res. Se les sometió a juicio, en Consejo de guerra 
militar, a los revolucionarios restantes, 3^ a pesar 

, de la petición del fiscal, que pedía para tres de 
ellos pena de muerte, el Consejo los absolvió de 
esa pena por falta de pruebas... Pero como la Di- 



154 



MIGUEL DE ÜNAMUNO 



rección de la Guardia llamad? Civil, o acaso mejor 
la Junta de Defensa del Cuerpo, no puede pasar i 
porque no se dé muerte al (jue haya ocasionado | 
la muerte de un número — sea como fuese — exigió i 
la revisión del fallo, amenazando acaso con retirar | 
sus fuerzas de los puestos si así no se hacía. Ne- , 
góse a pedir en el Supremo la pena de muerte el ' 
digno fiscal de él, se le hizo dimisionar y se nom- j 
bró a otro que, coaccionado, la pidió, añadiendo 5 
petición de indulto. Pidió también el indulto el 
obispo de Pamplona, en cuya diócesis radica Vera, ; 
pero se lo pidió no al Rey ni al supuesto Presi- ; 
dente del Directorio, sino al Director General de 
la Guardia sedicente civil. Los pobres chicos 
fueron agarrotados, menos uno, que huyendo del | 
garrote se tiró desde un tejado, estrellándose con- 
tra el suelo y regándolo de sangre. Después se 
dijo oficialmente que se les había condenado a 
garrote por «insultos a la fuerza armada», y se ; 
condenó a reclusión perpetua a los jueces milita- ' 
res del Consejo de Guerra que los absolvió de esa 
pena. 

Creo, sin embargo, que hubo la clemencia de 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



no darles mas que garrote, evitando así el tener 
que aplicarles la ley de fugas o sea fusilarles por 
la misma Guardia insultada. Y me fundo para 
ello en algo que oí de labios de Don Alfonso XIII, 
del Key actual — hoy 10-I-1925 — de España, 
y lo oí con mis propios oídos, presente el conde de 
Romanones, la iiltima vez que hablé con él, cuando 
me hizo llamar para pedirme merced. 

Fué que diciéndome el XIII que bien se veía 
cómo en España no había nada intangible, le re- 
pliqué: «Sí, Señor, hay algo intangible, y es la 
Guardia Civil.» Le referí el caso de aquel pobre 
gitano de Alicante que hirió a un guardia que se 
murió luego de tétanos, y al cual gitano se le dió 
garrote. Y añadí que hay que acabar con la pena 
de muerte o por lo menos con esa forma de ejecu- 
ción, y no por el reo, no por el condenado, sino 
por el verdugo; que hay que acabar con el ver- 
dugo, que hay que rescatarle. Y si no exaltarle 
y rodearle de prestigio 3' hasta ennoblecerle, 
como quería el rígido y 1 ' gico tradicionalista 
Conde de Maistre. Que olvidaba lo que el Señor 
dijo sobre Caín. Al fin, Sócrates tomó por sí mis- 



156 



MIGUEL DE UNAMUNO 



nio la cicuta. Y creo que si no se suprime la pena 
de muerte debe suprimirse el verdugo y que a 
los reos de muerte se les fusile por un pelotón de 
soldados forzosos o de guardias. O en todo caso 
que esos que al oír de suprimir la pena de muerte 
exclaman : « ¡ que la supriman antes los asesinos ! » 
sean ellos los que la ejecuten. Que no faltarían 
hombres de orden que se ofrecieran de verdugos 
honorarios. 

Al oírme aquello — estas otras ampliaciones las 
do3^ ahora aquí — el XIII me replicó: «Ah, pero 
es que la pena de muerte existe en casi todas par- 
tes, hasta en la República Francesa, y aquí menos 
mal aún, que es sin efusión de sangre.» ¡Sin efu- 
sión de sangre! Quería decir, con muy aguda 
abservación, que el garrote es más humanitario 
que la guillotina o que el fusilamiento, porque es 
sin efusión de sangre. Lo que tampoco es cierto. 
Y en todo caso hay hemorragia interior, a que tan 
expuestos están los hemofílicos, y aunque no les 
den garrote. Easta oprimirles un brazo para pro- 
ducirles un cardenal. 

De todo esto deduzco que a los pobres ilusos que 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



entraron en ^'era cre3'endo derribar así el trono 
se les condonó la pena de ser fusilados por insultos 
a la Guardia sedicente civil por la pena de garrote 
sin efusión de sangre. 

Entretanto, la efusión de sangre seguía en 
Marruecos. Y no siempre sangre de gallina. Y 
muchos buenos expañoles esperaban que a la 
tiranía de la demencia epiléptica y específica le 
pusiesen fin las victorias de los rifeños sobre el 
sufrido ejército cuya retirada comprada dirigía 
el Canso Real. 

XCIX 

¡Oh, mi pueblo castizo, el del mañana, 
la camarilla y el pronunciamiento, 
guarda entre piernas el entendimiento 
y en vez de voluntad tiene real gana. 

Xada le importa, y harta su galbana 
con honda siesta, siesta de jumento, 
que no le vengan con el viejo cuento 
de la justicia porque es gente sana. 



MIGUEL 



DE UNAMüXO 



Oiic le dejen en paz y en el olvido; 
que no le den con pensamientos guerra, 
¡bien sabe el sueño en el materno nido! 

Lástima grande que una vida perra 
le fuerce a trabajar por el cocido, 
¡ la olla podrida !, su raíz en tierra. 

París, 20-XII. 

Entre las palabras castizas castellanas que han 
pasado a otros idiomas están, además de mañana, 
camarilla, pronunciamiento , siesta, también torea- 
dor, desesperado, guerrilla, junta y otras. Nada 
es también casticísima e intraductible. 

La gente sana ya se sabe cuál es. Y es curioso 
que los que más invocan a la gente sana 3' los que 
tratan de dirigirla son los enfermos o de avariosis 
en el cuerpo y en el alma o de envidia en el alma 
y en el cuerpo. 



DE FUERTE VENTURA A TARIS 



^59 



C y CI 

¡Ciento van ya, y nada, nada, nada! 
Nada es el tope del mundano empeño; 
nada es el fondo de la vida es sueños- 
nada, el secreto de cada alborada. 

Xada es del río del vivir la rada; 
de nada es la madera de aquel leño 
que elevó a Don Quijote en Clavileño 
y fue la nada su postrer almohada. 

Nada, nada, nada-., y nada oscura, 
tiniehla que se cuaja en negro manto 
para abrigarnos en la sepultura... 

pero canta la nada, ¡es un encanto!, 
y con voz de silencio dice, pura, 
a su Hacedor: «¡Tii, Santo, Santo, Santo !y> 

Pero la nada es todo; en el recodo 
de cielo en que vivimos, nuestra gana 
hoy se basta con nada, que mañana 
le ha de dar el Señor buen acomodo. 



i6o 



MIGUEL DE TJNAMUXO 



¿Piedra o polvo ha de hacerse, al fin, el lodo 
que es nuestro todo-nada? ¿ El río mana 
del hielo o de la nube? El río hermana 
al todo-nada con la nada-iodo. 

Se dijo (.'.¡vanidad de vanidades !y) , 
que ha de ser a; plenitud de plenitudes !y> 
al principio del fin de las edades; 

se funden con los vicios las virtudes, 
y en esta soledad de soledades 
da lo mismo que afirmes o que dudes. 

París, 20-XII. 



CII 



Toca mis labios con tu fuego santo; 
toca mis labios con tu santo fuego; 
mi pueblo, el tuyo, va quedando ciego; 
se le ha secado el manantial del llanto. 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



i6i 



De noche, bajo tu estrellado manto, 
duerme y no sueña, pueblo rebañego, 
luego bajo el azul se entrega al juego, 
y hasta juega el muy vil con su quebranto. 

Toca mis labios con tu fuego; toca, 
Señor, mi boca con tu dedo ardiente; 
haz un volcán de indignación mi boca; 

con las aguas de lumbre del torrente 
que brota de tu pecho, viva roca, 
baña, Señor, mi entenebrada frente. 

París, 2i-Xn. 

CIII 

Eso no es voluntad, es sólo gana; 
no cosa de i'arnn, sino de macho, 
y cuando atiborrada llega a empacho 
se les vuelve en desgana, que es galbana. 

11 



1Ó2 



MIGUEL DE UNAMUNO 



La santísima gana es cosa vana, 
y la real va a dar en el capacho 
de los rastrojos que ha dejado el sacho 
al escardar, ya seca, la besana. 

Saber querer es ciencia recogida 
que el que quiere saber tan sólo coge, 
cuando la gana en el querer olvida, 

y sin que el pecho a la frente sonroje 
guarda la voluntad, germen de vida,^ 
en el entendimiento, que es el troje. 

París, 2I-XII. 

La voluntad es cosa intelectual 3^ racional. Los 
machos de la real gana y de la masculinidad com- 
pletamente caracterizada hablan con fingido des- 
dén — con sórdida envidia cainita de brutos im-' 
potentes — de los intelectuales que «se sacan de la 
cabeza» las medidas de gobierno. Son los que con 
un modismo imitado del Ganso Real he llamado 
auto-brutos, es decir, los que se tienen a si 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 



163 



mismos por brutos, fingen jactarse de serlo 
— «pues bien, a mí a bruto no me gana nadie» — 
¡pretensiones!, cuando no son mas que men- 
tecatos, pobres tontos que aparentan bruta- 
lidad, burros que hacen de tigres. Porque aún 
se podría soportar al tirano de entendimiento 
medio normal; pero es insoportable el majadero 
que se cree fiera- Y además, chanchullero y de 
mala fe y movíHo por viles y bajas pasiones. 

Y lo peor es cuando «la masculinidad comple- 
tamente caracterizada» eotá envenenada por la 
avariosis u otro morbo. Entonces acaso el remedio 
para los que persisten en imponer a los demás 
su gana sería la castración. 

Que es el remedio que Don Alfonso XIII pro- 
ponía para el problema de las Hurdes, castrar a 
los hurdanos. «¡Con permiso del señor obispo!» 
vSe refería al de Coria, que en compañía de Don 
José Goyanes, Don Gustavo Pittaluga y Don Luis 
de Píoyos, oía esa gracia, tan graciosa como la 
de sin efusión de sangre que yo. 

A nadit se le escapa sino lo que lleva dentro, y 
hay una frivolidad de insensatez que en personas 



MIGUEL DE UNAMUNO 



revestidas de cierta representación alcanza carac- 
teres de tragedia. Estos pobres sujetos no saben 
disculparse mas que desdiciéndose, para luego des- 
decirse del desdicho si les viene a pelo, negar su 
palabra y después la negación de ella y vivir en 
régimen de mentira. Porque las mentiras se enre- 
dan como las deudas del tramposo. Y el menti- 
roso es un cobarde. Cobarde de valor moral. El 
deportivo no es valor. Ni el histriónico. 



FIN 



DE FUERTEVEXTURA A PARIS 165 

ÍNDICE DE SONETOS 

Páginas 

Añoso ya \' tonto de capirote 12 

¿Conque iban a barrerte? Pura coba 15 

Los que clamáis «¡indulto!» id a la porra 17 

Mientras cae el baldón sobre ti, España . . 20 

Eslabonado con «¡que viene el Coco!» .... 21 

«¡Hay que aislar — dijiste — al pesimista!» 23 

Al verse aislado nuestro gran Felipe 25 

¡Oh, fuerteventurosa isla africana 26 

Tú, mar que ocultas a mis vivos ojos 27 

Voy ya, Señor, a los sesenta, historia .... 29 

Hace ya medio siglo — era yo un niño— . . 30 

Un siglo ya que al turbulento Riego 32 

«¡Ahora 3^0 so\^ el amo!» Pobre chico .... 35 

Te llega ya tu San Pascual Bailón 36 

Al sol de la verdad pongo desnuda 37 

Ruina de volcán esta montaña 39 

Tu evangelio, mi señor Don Quijote 40 

Este cielo una palma de tu mano 41 



i66 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Páginas 



Y si te encuentras la escarcela hueca 43 

«¡Ponte — me dijo — en pie, que voy a ha- 
blarte ! 44 

Ya sé lo que es el porvenir : la espera 45 

¡ Agua, agua, agua ! Tal es la magua 47 

¿Qué dices, mar, con tu susurro? ¡Dime! . . 48 

Cuando en lago de nubes peregrina 49 

Como las olas de la mar inmensa 50 

Ahora que voy tocando ya la cumbre .... 51 

Tranquilos ecos del hogar lejano 53 

Y ¿no estaré luchando, sombra adusta .... 54 
Mira, hermano Cervantes, no te asombre . . 55 

Fuera de tu casino, tu cotarro 56 

Cuando el cansancio de esperar me abruma 58 

Ya como a propia esposa al fin te abrazo . . 59 

Surgió esa larva de amarillos ojos 61 

La mar ciñe a la noche en su regazo 62 

Raya celeste de la mar serena 64 

Palabras del idioma de Quevedo 65 

Y ¿qué vendrá después? Tal la pregunta . . 66 

¡ Solitarios sin fin a la baraja ! 68 

Remonto entre tus páginas pajizas 69 



DE FUERTEVENTURA A PARIS 16/ 

Páginas 

¿Cuál de vosotras, olas de consuelo 70 

«¡Del fiero golfo de Vizcaya llega!» 71 

Liberales de España, pordioseros 72 

Allí donde su planta pone el hombre 74 

Enjalbegada tumba es Betancuria 75 

Horas de aflojamiento en que el vacío .... 77 

Pero no, pero no, que es el reflujo 7S 

Lo que sufres, mi pobre España, es coma . . 78 

No hay un puñado de tierra perdido So 

Olas gigantes de la mar bravia Si 

Recio materno corazón desnudo 

Y si su música a soñar ayuda S3 

¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime ! .. S4 

Horas serenas del ocaso breve S5 

¿Es camello la nube o el camello S6 

Te da en la frente el sol de la mañana .... SS 

-VI frisar los sesenta mi otro sino S9 

Hilo el negro toisón de la quimera 90 

Te has hecho ya, querida mar, costumbre . . 91 

No vacía, mas llena de vacío 92 

Es una antorcha al aire esta palmera 97 

Vuelve hacia atrás la vista, caminante .... 9S 



i68 



MIGUEL DE UNAMUNO 



Páginas» 



Pleamar, bajamar; alza su pecho 99 

Horas dormidas de la mar serena 100 

No, no es de Credos aquella cordillera .... loi 

Raíces como tú en el Océano 103 

Sed de tus ojos en la mar me gana 106 

Te alzas enjuta sobre el cielo pardo iio 

«¡España! ¿A alzar su voz nadie se atreve? 11 1 

¿Dónde reposarás, corazón mío 112 

Caído desde el cielo aquí me aburro 113 

¡Oh, clara carretera de Zamora 115 

Las nubes del embozo de mi villa 116 

¡Oh, mar salada, celestial dulzura 117 

Hoy he visto volar una ballena 119 

Isla de libertad, bendita rada 120 

«¡Miguel! ¡Miguel!» Aquí, Señor, desnudo 121 

Un mariquita aquí, una marimacho 122 

En neblina otoñal se anega el Arco 124 

¡Oh, la trágica sed de la Montaña 125 

No modelar, como las lluvias, dedos 126 

Desde las tristes márgenes del Sena 127 

Me canta la pasión — tal es su estilo — . ... 129 

El macho me creía a mí otro eunuco 130 



DE FüERTEVENTURA A PARIS 169 

Páginas 

No te lo digas ni a ti mismo, calla 132 

Ay, mas si duermes, soñarás, ¡me aterra! 132 

Doradas hojas de la lenta tarde 134 

Xo consigo soñar, vil pesadilla 135 

Ese cerdo epiléptico que gruñe 136 

¡A\', triste España de Caín, la roja 13S 

¡ La garganta del Abrego en acezo 140 

Tu voluntad. Señor, aquí en la Tierra .... 141 

A un hijo de españoles arropamos 143 

«Dejad que entierren a sus muertos» ; dijo 144 

¡Ay, cómo al tiempo el porvenir devora! . . 145 

¡ Es terrible trillar paja sin trigo I 146 

«Yo soy la senda, la verdad, la vida.» .... 149 

¿De dónde, adónde, para qué y cómo? .... 150 

La gana, la real gana, es cosa vana 151 

¡Oh mi pueblo castizo, el del mañana .... 157 

¡Ciento van ya, y nada, nada, nada! 159 

Pero la nada es todo; en el recodo 159 

Toca mis labios con tu fuego santo 160 

Eso no es voluntad, es sólo gana 161 



OBRA5 DEL MISMO AUTOR 



Pesetas 

Paz en la guerra (novela) — ((Biblioteca 
Renacimiento» 4,00 

De la enseñanza superior en España. — 

Madrid, Revista Nueva, 1S99 Ik50 

Amor y Pedagogía (novela). — Barcelona, 

Henrich y Compañía, 1902 3,00 

Paisajes. — oColección Calón», Salamanca, 

1902 0,75 

De mi país (descripciones, relatos y artícu- 
los de costumbres). — Madrid, I'ernando 
Fe, 1903 3,00 

Vida de Don Quijote y Sancho según Mi- 
guel de Cervantes, explicada 3' comentada 
«Biblioteca Renacimiento» 4,00 

Poesías. — Madrid, 1907 3,00 

Mi religión y otros ensayos. — «Renaci- 
miento» 3,50 



Pesetas 



Por tierras de Portugal y de España. — «Bi- 
blioteca Renacimiento», 1911 3,50 

Rosario de sonetos Uricos, 191 1 3,00 

Soliloquios y conversaciones. — «Biblioteca 

Renacimiento», 1912 3,50 

Contra esto y aquello. — «Biblioteca Rena- 
cimiento», Madrid, 1912 3,50 

El espejo de la muerte. — «Biblioteca Rena- 
cimiento», 1913 1,00 

Del sentimiento trágico de la vida. — «Bi- 
blioteca Renacimiento» 4,00 

Abel Sánchez (novela). — «Biblioteca Rena- 
cimiento» 3,50 

La tía Tula (novela). — «Biblioteca Rena- 
cimiento» 3,50 

Andanzas y visiones españolas. — «Biblio- 
teca Renacimiento» 4,00 

Niebla (novela). — «Biblioteca Renacimien- 
to» 3,50 

Tres novelas ejemplares y un prólogo. — , 

Calpe 4,00 

El Cristo de Velázquez (poema). — Calpe 4,00 



DE FUERTEVENTURA 
A PARÍS, 

por Miguel de UNAMUMO. 
se acabó de imprimir el i de Marzo de 192? 
en la imprenta de OMNÉS & C'^ 
jS, Rué Rochechouart, en París, 
para la EDITORIAL EXCELSIOR 



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